Jatsuah y la Serpiente

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Jatsuah y la Serpiente

Mensaje por Elena-GC el Miér Oct 23, 2013 7:37 pm

En Kil, en la región de Mesán, puedes encontrar piedras preciosas en todos lados; metales finos, combustibles naturales y materiales de construcción de la mejor calidad. Si inventariáramos todo el valor de estas cosas, Mesán tendría más dinero que el que todas las otras seis naciones de Kil pueden generar en mil años; pero los mesanos no aprecian las piedras preciosas, ni las ganancias generadas por ellas. Los mesanos aprecian la comida y el agua, porque Mesán es una tierra muy estéril.

Se dice que hace muchos ciclos atrás, mucho antes de que Gedea y Faria comenzaran la guerra de exterminio contra Pandora; los Gelios enviaron a sus hermanos en Mesan, seis cargamentos de alimentos; lo suficiente para alimentar a todo el pueblo holgadamente durante diez ciclos.

Aunque los Gelios no esperaban nada a cambio, los Mesanos agradecidos por su ayuda, pagaron a razón de tres veces más lo que habían recibido. Los Gelios, que eran gente generosa y desinteresada, decidieron guardar la recompensa en las bodegas del reino, esperando la oportunidad de usarla en momentos de necesidad. Se dice que los Destinos, contentos por la ayuda que los Gelios brindaron a Mesan y su desinterés en la recompensa, hicieron prosperar a Gelia sobreabundantemente, y que aún hasta ahora, esas bodegas que contienen los tesoros de Mesán, no han sido abiertas.

El emperador de Mesán, mandó pedir a Faria tres cuadrillas de soldados para resguardar los alimentos y el rey de Faria, con conocimiento del generoso pago de los mesanos a Gelia, envió seis cuadrillas, una para cada cargamento.

Los alimentos se guardaron en siete minas abandonadas, que habían sido acondicionadas para que los alimentos perduraran lo suficiente. Se puso una cuadrilla en casa una de las minas, sin embargo, la séptima mina no tenía quien la cuidase, y se ordenó un grupo de ciudadanos mesanos para su cuidado.

Durante el primer ciclo, los mesanos hacían uso mesurado de sus bodegas y esperaban que los alimentos les duraran durante mucho tiempo más del previsto; y en esta idea, pasaron tres ciclos.

Los soldados enviados por Faria, hacían turnos para cuidar de las minas, y mientras descansaban, se les permitía vivir en el Palacio de Mesán. El palacio de Mesán era una obra de joyería majestuoso, el Palacio completo estaba tallado en mármol de una sola pieza, las ventanas eran de cuarzos de colores, las empuñaduras de las puertas estaban cubiertas de oro, el piso era de rubí y esmeralda, los candelabros eran de diamante y plata. Cada cosa en el Palacio era digna de admirarse.  Pero lo que más llama la atención, es la inmensa biblioteca, que se encuentra en la torre más alta, al centro del palacio.

Esta biblioteca era inmensa, llena de libros, rollos, enciclopedias, grabados, almanaques… todo lo necesario para llegar al conocimiento perfecto de las cosas. En esta biblioteca se reunían periódicamente los sabios del reino que formaban el Circulo Externo de Mesán, los cuales eran liderados por el Consejero Real, quien vivía sobre la biblioteca con su familia.

En el cuarto más alto de la torre de la Biblioteca, se encontraba el dormitorio de Jatsuah. Jatsuah era la hija mayor del consejero real, y era por tanto, considerada una joven noble, una cortesana de Palacio.

Cuando Jatsuah era pequeña, visitaba el salón de la corte, donde se reunían otros hijos de nobles, para convivir y disfrutar de su vida como hijos de familias acomodadas.

Jatsuah miraba los juegos, las charlas y los bailes de los otros cortesanos en silencio y desde lejos. Tímida y silenciosa en sus relaciones con otros nobles, Jatsuah fue siendo poco a poco relegada de las actividades de la corte y pasó a ser desconocida.
A Jatsuah le gustaba sentarse junto a la ventana de la torre, donde estaba sus dormitorios, desde allí podía ver todo. Su padre al verla en soledad, pero respetando su decisión de no bajar de su encierro, le llevaba regalos. Su amplio espacio, se vio poco a poco invadido por libros de doradas letras, pergaminos de tierras lejanas, exquisitos dibujos y grabados traídos desde Viera, los otros sabios del Circulo Externo también le enviaban presentes traídos de sus largos viajes, inventos curiosos de Nephil, semillas de diferentes clases traídas de Gelia, trampas y objetos de guerra forjados en Faria, luces de hadas de los bosques de Pandora…

Jatsuah no pensaba nunca en su soledad, comenzó a llenar sus pensamientos con ideas, historias, inteligencias y a formarse un pequeño y espacioso mundo dentro de las paredes de su habitación. Desarrolló una curiosidad y sed de conocimiento inacabables y comenzó a espiar secretamente las reuniones del Circulo Externo. Imitaba las enseñanzas de sus libros y de los inventos que le regalaban. Por las noches se podían ver luces coloridas salir por la ventana de su habitación, por las mañanas, se veían salir por esa misma ventana, maquinas voladoras que ella misma creaba, y que tras flotar unos segundos en el aire, se estrellaban al pie de la torre.

Cuando Jatsuah cumplió 14 años, fue que las arcas con ayuda de Gelia llegaron a Mesán.

Tres, años después, una noche, mientras Jatsuah se desvelaba leyendo, vio por la ventana de la torre, una luz intensa en el fondo del bosque. Aunque ella era lo suficientemente inteligente, como para no adentrase en el bosque sola durante la noche, la séptima noche que la luz se repitió, decidió tomar una de las armas que le habían traído de Faria e investigar lo ocurrido.

Al llegar al lugar de donde la luz provenía, no encontró más que un enorme pozo en el suelo y escamas alrededor. Volvió cada noche al mismo lugar, pero no encontraba nada.

La séptima noche que Jatsuah volvió a su habitación después de su infructuosa búsqueda de la luz, escuchó un estruendo proveniente de las minas.
Una de las minas donde se guardaban los alimentos había sido atacada. Los soldados habían dicho ver a una serpiente del tamaño de veinte cuerpos de largo y dos de ancho, que escupía salitre por la boca. Las quemaduras de algunos de los hombres, confirmaban su historia.

Gracias a la forma moderada en que los Mesanos hacían uso de sus víveres, la pérdida no fue tan grande, sin embargo, se sentían preocupados porque las siete minas estaban conectadas entre sí.

Jatsuah no tardó en relacionar el ataque de las minas con las luces del bosque y los pozos en la tierra rodeados de escamas. Pero no podía hacer nada para ayudar a detener a la criatura.

El Emperador envió a una cuadrilla de guardias a buscar al monstruo dentro de las minas, pero durante diez días buscaron sin éxito.

Jatsuah, mientras tanto, no había perdido el tiempo y había dedicado todos esos días a investigar y a buscar una solución.

Poco después de que se diera por perdida a la criatura, otra mina fue atacada. Esta vez el daño fue mayor y tres hombres perdieron la vida.

Jatsuah acompañó a su padre a inspeccionar las minas y los cadáveres de los hombres para rendir un informe a la corte. Mientras un médico le enseñaba a Jatsuah como debía hacer el trabajo de inspeccionar a los cadáveres, ella observó algo curioso en los cuerpos: un polvillo fino y brillante, que emanaba una fotoluminiscencia en la oscuridad. Jatsuah guardó un poco de este polvillo para sí y en cuanto pudo, se encerró en su habitación a examinarlo.

Tras tres noches en vela, Jatsuah por fin se había hecho a una idea lo que sucedía y de cual podía ser la solución. En su sabiduría, la joven sabia, entendía que si ella daba su opinión sobre el asunto, no sería escuchada, pues había tantas teorías y tantas opiniones, que la de ella, no sería nada, sino una más.

Sin embargo, Jatsuah tenía un plan, y no iba a dar marcha atrás en su empeño. Durante la junta del circulo externo de Mesan para deliberar qué hacer con la criatura, Jatsuah esperó pacientemente su turno para hablar y cuando por fin lo tuvo, la pequeña sabia se levantó. No estaba vestida apropiadamente para estar en presciencia del Circulo Externo. Sus ropas eran más bien el atuendo que se usaría para ir de caza o exploración.

La joven caminó al centro de la gran junta y con valor y determinación dijo:

-Yo iré a buscar a la criatura y de aquí a tres días volveré. Sin embargo nuevamente me iré. - Y ante la mirada atónita de los sabios,  los capitanes y los nobles, la Sabia salió de la sala, seguida por varios curiosos que deseaban saber qué haría.

Encabezaba ese sequito, un soldado de la cuadrilla que había sido atacada, quien intentaba hacerle ver a la joven la locura que era que una niña de 17 años entrara sola a la oscuridad a enfrentar a un monstruo, pero Jatsuah, hacía oídos sordos a todos los comentarios a su alrededor. Ni su padre ni el emperador lograron detenerla.

Sin armas, sin víveres, sin protección algún, equipada solo con diez cirios para alumbrarse, la joven entró a la mina, miró hacia atrás y haciendo una reverencia se despidió de su gente, encendió un cirio y se adentró en la oscura cueva.

Tres días después fue vista en la entrada de la cueva, pero después, desapareció para siempre.

Durante los diez años siguientes, los ciudadanos de Mesán ponían velas y flores en la entrada de la mina para recordar el valor de la joven, gracias a la cual, la criatura nunca regreso.

El día que se cumplía el décimo año,  y los soldados de Faria regresaban a su hogar un general, que era el mismo soldado raso que intentó detener a Jatsuah, se rehusó a irse. Durante diez ciclos, había pensado en la joven valiente que había salvado a su pueblo. Cuando ella había hablado ante el Círculo externo, el valor de la Sabia había penetrado en la mente y el alma del joven cadete.

El general se vistió con su uniforme de batalla. Portó sus armas, su espada y lleno de valor, entró en la mina. Dentro de ese lugar era un laberinto y el soldado fácilmente perdía la orientación. Tres veces estuvo a punto de morir aplastado por los derrumbes constantes dentro del lugar. Durante muchos días buscó con ahínco algún indicio de la joven.

Pasados diez días, el general se convenció a sí mismo que la joven había muerto y que nada podía hacer ya. Y decidió buscar el camino de regreso a la luz.

En ese momento, escuchó algo. Algo que se arrastraba, lento, frío y sigiloso entre las sombras de la mina. En silencio, el general tomó su espada en una mano y se aseguró de tener a la mano su arco y sus flechas, y mirando de reojo buscó la causa del ruido.

Un aliento cálido se sintió en su nuca y su espina tembló nerviosa, entonces lo vio. Al principio no parecía nada y poco a poco comenzó a distinguirlo. Seis perlas rojas brillando en la oscuridad. Brillaban con el brillo de la sangre, escarlatas y ardientes, de repente, un sonido se hizo presente un siseo, un soplo... apenas perceptibles. El siseo fue aumentando poco a poco hasta hacerse insoportable, y entonces, repentinamente, frente a él se irguió una torre de veinte cuerpos de alto y dos de ancho.

Un cuerpo serpenteante que no apartaba sus seis amenazantes ojos del general.

-¿QUE HACSSSESSSSS AAQUIII?- dijo la serpiente con una voz seca y polvosa.

El general sin bajar la guardia respondió:

-He venido a buscar a la Sabia que entró en esta mina hace diez años. He venido a rescatarla de ti y llevarla de nuevo a su hogar.

La serpiente rió profundamente y entre diente.

-¿Y POR QUE CREESSS QUE ELLA PUEDE IRSSSEE?

-Porque ella no pertenece aquí.

-LA JOVEN SSSABIA QUE CONOSSSSCISTE YA NO EXXSSSISSSTE...

-¿La has matado? He de vengar su muerte.

La serpiente volvió a reír.

-PUEDESSS INTENTAR MATARME, PERO NO TE SSSERA SSSSENSSSCILLO...-la serpiente se irguió al doble de su estatura y sus ojos volvieron a brillar. -TUSSS ULTIMASSS PALABRASSS, JOVEN GUERRERO...

-Disfruta de tu estancia en el infierno, bestia maldita...

El joven general se lanzó al ataque, esquivando los dientes afilados de la serpiente, la serpiente era grande, fuerte y poderosa, pero el general era pequeño, ágil y valiente. De un coletazo, la serpiente azotó al joven contra una de las paredes de la mina, dejándolo mal herido y con varios huesos rotos.

La serpiente rió.

-TE DIJE... NO SSSOY UNA PRESSSA FASSSSCIL...

Pero el general no se daba por vencido. Haciendo un esfuerzo, tomó su arco y la única flecha que no se había roto, y se preparó a disparar. Justo cuando estaba por soltar la flecha…

-¡¡¡DETENTEEE!!!- dijo alguien abalanzándose sobre él. -Galeón, calma....

La serpiente, ante la solicitud, se enroscó calmadamente y cerró cuatro de sus seis ojos.

El joven general no tuvo que pensar mucho para adivinar quién era quien lo había detenido.

-¿Eres tú la joven sabia que entró a las minas hace diez ciclos?

-ELLA ESSSS MI AMIGA... -dijo la serpiente enroscando parte de su cuerpo en la joven- ELLA ME CUIDA.

-Sí, Galeón, yo soy tu amiga. –Después se dirigió al joven- ¿Quién eres tú, si se puede saber, impertinente?

El joven General se tambaleó al tratar de ponerse de pie.

-Mi nombre es Baarik, y soy general de la sexta cuadrilla que el rey de Faria envió hace diez años a proteger a tu pueblo.

La joven parecía no prestarle atención a Baarik. En lugar de eso, ella estaba acariciando la enorme cabeza de la serpiente.

-Bien Baarik, es hora de que te vayas.

-SSI... QUE SSSE VAYA... LOSSS EXSSTRAÑOSS NO ME GUSSSTAN...

-¡Pero... he venido por ti! ¡He venido a rescatarte de la bestia que te tiene secuestrada!

-Ninguna bestia me tiene secuestrada.-rió la joven -Galeón no es una bestia. Galeón es más de lo que puedes ver.

-GALEÓN ESSSS BUENO, ¿VERDAD, SSSABIA?

-Sí, Galeón es bueno.

-Pero... entonces... ¿no regresarás?

-No. Y más te vale que no le digas a nadie dónde estoy ni que estoy viva. Galeón y yo te llevaremos a la entrada de la mina. Y no vuelvas más.

La serpiente se acercó al general y abrió sus seis ojos.

-ESSSTASSS HERIDO. GALEÓN NO QUERÍA HERIRTE. GALEÓN LO SIENTE.

La serpiente se enroscó en Baarik y mágicamente sus heridas fueron sanadas.

-Un momento… -dijo el joven dándose cuenta de lo que Galeón era en realidad- Tú no eres…- dijo titubeante- ¡Muéstrate tal cual eres, pandora!- reclamó Baarik.

-¡Silencio, impertinente!- reclamó Jatsuah- A Galeón no le gusta su forma humana. Yo tardé varios años en convencerlo para que me la mostrara a mí.

-GALEÓN NO SSSSE MOSSSSTRARÁ ANTE TI… -dijo la serpiente enroscándose detrás de Jatsuah.

-En verdad, solo vete.

-Me he perdido. No conozco el camino de vuelta.

Jatsuah y Galeón escoltaron al joven general hasta la entrada de la mina, ignorando todas las preguntas que el general les hacía. Una vez en la boca de la mina, Galeón se escondió y cerró los ojos. La luz del sol no le gustaba, sin embargó, ante la luz del sol, Jatsuah se veía hermosa. Su piel color tierra y sus ojos que parecían dos granos de café brillaron al verse una vez más ante la luz del sol.

Baarik lamentó no poder convencerla de irse con él.

-No le diré a nadie lo que vi aquí, pero volveré. Así que dile a Gedeón que no me mate cuando vuelva.

Jatsuah asintió indiferente y dio media vuelta.

Baarik se quedó allí, mirando como Jatsuah y Gedeón se perdían en la oscuridad de la mina.

-Regresaré el siguiente año.-  dijo, aunque Jatsuah no lo escuchó. Ella ya había regresado a adentrarse en la oscuridad de la mina, donde el sabio Galeón, en su forma humana la instruía en toda la sabiduría que como pandora, él poseía.

Baarik miró en el suelo las flores y veladoras que el pueblo dejaba para Jatsuah, respiró profundamente  y se alejó disfrutando de la luz del sol.
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Re: Jatsuah y la Serpiente

Mensaje por ArgosFuentes el Sáb Nov 09, 2013 6:51 pm

escribes jodidamente bien,me encanto!!
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