Sweet fire.

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Capítulo 4

Mensaje por crold♥ el Sáb Mayo 11, 2013 8:14 pm

Chicas lo siento mucho mucho
Se me estropeó el ordenador y hasta ahora no he vuelto a casa donde sí tengo muahahaha.
Aquí os traigo el siguiente capi que espero que os guste. El próximo será de dos partes. Una de ellas desde el punto de vista de Matt (es mi forma de compensaros por la tardanza de éste)
Cris.



Capítulo 4

Matt llega rápidamente hasta mí. Sigue mi mirada y en el momento de fijarla en el espejo, su cuerpo se tensa.

-Mi querido amigo buscador –Gregory sonríe macabramente. Mi cuerpo se hiela por el miedo, pero hay algo extrañamente familiar.

-Trozo de carne congelada –susurra y hace una reverencia en forma de burla. Trata de encontrar algo que pueda utilizar en su contra para sentirse cómodo. Lo sé en lo más profundo de mi fuero interno.

-Tienes algo que me pertenece –ha desaparecido todo juego de su voz. Ahora es serio y no sé si es su intensa mirada la que me hace creer que habla de mí.

-¿Ah sí?¿Según tú lo qué?

-Ivy Madison Robbs. –Matt se queda callado. Aún no soy capaz de moverme. Pero, ¿cómo se atreve a tratarme como si fuera un objeto? –Espero que seas lista. Esta noche. A las doce en la fuente de la plaza del Ayuntamiento. Déjala ir buscador, o declararemos el estado de alarma.

Matt me mira varios segundos antes de volver la vista al frente. Sonríe ampliamente y por primera vez me fijo en sus hoyuelos. ¡Oh dios mío! Mi lívido crece rápidamente y tengo que apretar las piernas para contenerlo. ¿Vuelvo a ser una adolescente?¿Qué demonios…? Mete la mano dentro de la camisa y saca el ya familiar collar rojo.

Un sonido capta mi atención: cristal estallándose. Gregory me observa iracundo mientras los bordes del espejo se agrietan.

-Ella. Es. MÍA. –grita. Todo se mueve en cámara rápida entonces. Matt se gira hacia mí para cubrirme con su cuerpo mientras una lluvia de cristal explota en el baño. ¿Qué está pasando? Sus ojos miran los míos, sin siquiera pestañear.

Los últimos cristales tintinean al golpear el suelo. Lo abrazo con cuidado, pasando los dedos por los cristales de su espalda. Miro sus labios que me dedican una traviesa sonrisa. Perfila mi labio inferior con la lengua y después lo muerde.

-Quítate la camisa –pido a escasos milímetros de su boca. Sus ojos reflejan la duda que lo posee. ¿A qué esperas? Reacciona y se la quita con una mueca.

Esta vez soy yo quien lo besa. Quien toma el control. Atrapo sus labios con los dientes y los estiro. Cuando lo suelto, abre la boca con un suspiro. Claramente tentado.Me apodero de él con tan sólo este beso. Lentas oleadas de fuego crecen dentro de mí. ¿Siente lo mismo que yo? Jadea en mi boca cuando tiro de los cristales clavados en su espalda. ¡No le duele! Más bien le excita. Gime en mi oído mientras me aprieta contra su cuerpo.

-Necesito que… -apoyo las manos en su espalda. Estas comienzan a arder en el mismo momento en que cierra los ojos y jadea. -¡Ah sí! Eso es… ¡Oh dios Ivy! No pensé que sería de esta forma. Tienes que…

Retiro bruscamente las manos cuando un profundo bostezo sale de mi boca. Lucho por mantener mis ojos abiertos pero me quedo en el intento.



Pum. Pum. Pum.
No sé por qué elemento late.
Fuego. Aire. Tierra. Agua.
No sé por qué no despierto.
No sé cómo me llamo.

Reconozco los cálidos brazos que me sujetan. Me sueltan en algún lugar duro y quiero alzar las manos. Sujetarlo. Pedirle que no me deje aquí sola. Pero mi cuerpo se niega a responder. Es entonces cuando me pongo a trabajar en lo que más me gusta: imaginarme historias.

Un huevo púrpura está frente a mí. Papá me sujeta la mano con fuerza mientras éste se sacude. Un crujido suena cuando un trozo de la cáscara se desprende. Un pequeño dragón cobrizo me mira detenidamente.

El abuelo Eidan ha vuelto para guiarme.
O eso dice papá.

La cáscara se agrieta hasta romperse y Eidan vuela hasta refugiarse en mis brazos. Mi primer guardián ha nacido.


Lo más incómodo de esta historia es que se está haciendo real. Reinos separados por los elementos. Dos de ellos enfrentados. Dos neutrales.

Froto mis dedos y rápidamente se encienden. Si lo intento, ¿sería capaz? Corro por el bosque. Me persiguen. Oigo sus voces gritar mi nombre, las llamas devorar la madera a su paso, los pasos en la tierra.

-¡Helena!

¡Oh,oh! Matt me ha encontrado…


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Re: Sweet fire.

Mensaje por AuRose el Sáb Mayo 11, 2013 11:15 pm

graciiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiias por el capiiii.......

aww espero que pronto subas el que sigue (: ....

me encanta la historia... y quiero saber más... ya quiero ver lo que tiene Matt para contar *-*

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Re: Sweet fire.

Mensaje por Valee el Sáb Mayo 11, 2013 11:16 pm

Gracias por el capii, no tardes tanto con el proximo

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Capítulo 5 (Parte I)

Mensaje por crold♥ el Jue Mayo 16, 2013 9:38 am

Aquí está la primera parte señoritas, espero que este viernes me diga el informático si mi ordenador es fácil de arreglar. Si no es así tendréis que esperar un poquitín para la parte 2 de este capi aunque ya la he empezado, bechines.

Capítulo 5
Matt
Amo las noches calurosas de verano. Como la de hoy. Me hace recordar a la noche en que pude decir “La encontré”. Demasiados años esperándola para que ahora esté así. ¿Es la dama de fuego? Espero que sí porque si no habrá un gran problema.

Estos tres días han sido los mejores de mi existencia después que la besara por primera vez hace ya tanto tiempo. Casi trescientos años buscando a la primogénita, al amor de mi vida. Y también los peores. Aún no ha despertado y no puedo perderla cuando acabo de encontrarla.

Cierra los ojos. ¿Confías en mí?, me había dicho.

Automáticamente cerré mis ojos mientras ella me agarraba de la mano y tiraba de mí. Noté primero un ligero toque en los labios, después una corriente eléctrica cuando nuestras bocas por fin se unieron. Con facilidad me deshice de su agarre en mis muñecas para sujetar su nuca e impedir que ese magnífico beso terminara.


Me sentía como en el cielo. Si tenía que morir en ese momento, lo haría gustosamente.

Demasiado tiempo para volver a sentir lo mismo. Hasta que Ivy se cruzó en mi camino. Heidi me había hablado de ella pero jamás habíamos cruzado ni siquiera una mirada. ¡Y cuán arrepentido estaba!

Aún recuerdo mi vida en Ignis, a pesar de no visitar la ciudad en todos estos años. Todo era perfecto. Éramos ella, nuestro guisante de fuego y yo. Íbamos a casarnos. Todo estaba listo y ya la esperaba en el altar. Había escuchado rumores acerca de que era una híbrida, que jamás accedería al trono… pero pensé que no actuarían ni que serían nuestros mejores amigos quienes la perseguirían por el bosque dándole caza.

Corrí tras ellos y a lo lejos pude verla tirada en el suelo, a punto de ser alcanzada por Henry y Morgana. El dragón fuego la protegió y le ofreció la única alternativa que tenía si quería seguir viva: cruzar el portal a este mundo.

Te encontraré. Guarda ese collar, me llevará hasta ti, grité cuando ella entró.

Vuelvo al lugar que he ocupado durante estos tres días. Sentado al lado de la urna de cristal que regulará sus poderes. Todos hemos pasado por esto siendo recién nacidos pero en su caso, al tener más de cinco años es peligroso. Y me da miedo que sea tarde…

Casi muere y sólo por curarme. Aunque debo reconocer que no me había sentido tan bien desde horas antes, cuando nuestros colgantes se habían unido. Ahora éramos uno espiritualmente. Sin que nos diéramos cuenta nuestras almas se habían casado. Las grandes y ovaladas piedras eran la ventana a éstas. Ella cuidaba la mía, yo cuidaba la suya y estaba empezando a asustarme el tono blanquecino que estaba tomando.

¡Maldito dragón! Si estuviera en su puesto todas mis dudas ya estarían resueltas, incluida la de si es o no la dama. ¿Cómo voy a saber si es ella después de reencarnarse en numerosas mujeres a lo largo del tiempo?¿Y mi hijo?¿Llegó a nacer?

Una mano toca mi hombro. Me giro lentamente para encontrarme con el rey y el príncipe Kenneth Junior. El rey Kenneth era parte de mi familia, había crecido con su hija gracias al cargo que ocupaba mi padre en la Corte.

-Dennis, necesitas descansar. Ella estará aquí, no va a moverse por un tiempo –la segunda persona que me llama por mi primer nombre después de Helena. Sacudo la cabeza mirando el delicado y pálido rostro de la mujer a la que amo.

No puedo abandonarla. Necesito ser el primero que vea al despertar. Tengo que ser yo quien la saque de ahí.

-Matt, aún tenemos que encontrar a los sublevados. ¿Quieres que esté segura verdad? Tienes que seguir buscando. Hay que condenarlos. Perdí a mi hermana y a mi sobrino. ¡Y eso se paga con la muerte! A las personas como ellos hay que mantenerlos bajo control con el ejemplo –exclama el príncipe.

Tengo más derecho que él a sentir rencor hacia ellos. ¡Yo perdí a mi mujer y a mi hijo! Paso los días imaginando encontrarlos a ambos; pero también organizando todas mis acciones para el día en que encuentre a esos traidores.

Morgana está demasiado cerca, tanto, que he vivido con ella los últimos tres meses. Estoy seguro.

Es Heidi.

-Nos quedaremos con ella. Come algo y duérmete un rato –dice el rey. Suelto un profundo suspiro antes de salir de la habitación.

No es una petición, es una orden.

Camino por los pasillos de palacio hasta toparme de frente con la que fue nuestra habitación. Aquí el tiempo no ha pasado, aún es la noche posterior a la boda.

Aprieto los puños con fuerza cuando una femenina silueta se apoya en la pared y roza mi hombro con las uñas. ¿Qué he hecho para tener que encontrármela?

-¿No vas a invitarme a pasar? –pregunta haciéndose la inocente.

-No. Quiero dormir… SOLO –su cara se ilumina hasta que grito la última
palabra. Sonrío triunfante y abro la puerta.

-No decías eso cuando me hiciste el amor un mes antes de tu boda –puedo sentir la sonrisa en su voz cuando lo dice. Me paralizo al instante y cuando me giro puedo comprobar que sonríe. –No te preocupes, no diré nada… por ahora.

-Tampoco tienes mucho que decir. Ah –exclamo cuando me intenta interrumpir. –Te metiste en mi habitación haciéndote pasar por Helena. Sabes cuál es el castigo… Aunque debo reconocer que gracias a ti concebimos a mi hijo. ¡Ahora fuera! –le dedico una mirada hostil mientras le cierro la puerta en la cara.

Cuando ilumino la habitación todo me golpea con fuerza. El suelo lleno de velas menos el camino a la cama de sábanas rojas de seda, las flores que el reino Terra nos había enviado como regalo de bodas y una nota encima de la mesa.

“Jamás gobernará.
Despídete de la híbrida y el bastardo.
La familia real guarda demasiados secretos.”

Larga vida al hielo.

Si hubiera venido a tiempo podría haber evitado todo. Lo que más me desconcertaba era el no saber si esta habitación permanecía intacta. La familia real conocía el hecho de que en el mundo humano el tiempo corría extremadamente rápido. Habían pasado trescientos años y aquí, en Ignis, era la mañana siguiente del enlace.

Ivy, necesito que despiertes. Por favor, hazlo…

Me siento en la cama con un suspiro, sujetando el collar en mis manos. Beso la piedra y mis labios se congelan momentáneamente. ¡Oh mierda!

-Dennis Matthew. Dennis Matthew. ¡Matthew!

Parpadeo al reconocer esa voz. Abro la puerta con rapidez. Mis ojos se pierden en la expresión de urgencia de mi padre.

-La chica ha desaparecido.

-¿Cómo que ha desaparecido? ¡No puede ser!

Lo miro atónito antes de echar a correr hasta el salón Connor. El rey, sus hijos y la guardia están allí… pero ni una señal de Ivy.

-¿Qué ha ocurrido?

-Se la han llevado. -¿Quién? –Los Frost, ¿quién si no?

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Re: Sweet fire.

Mensaje por crold♥ el Sáb Mayo 18, 2013 12:23 pm

Hola chicas Smile)
Esto es un aviso sobre que intentaré subir el próximo capi el lunes ya que sigo sin ordenador y me han dicho que es una tontería arreglarlo. Espero que a la semana que viene me compre uno nuevo u_u

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Re: Sweet fire.

Mensaje por gabyqch el Lun Mayo 20, 2013 2:42 pm

ME PARECE MUY INTERESANTE TU FIC...

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Re: Sweet fire.

Mensaje por crold♥ el Lun Mayo 20, 2013 2:57 pm

gabyqch escribió:ME PARECE MUY INTERESANTE TU FIC...
Gracias

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Capítulo 5

Mensaje por crold♥ el Jue Mayo 23, 2013 9:16 am

Capítulo 5
Ivy

Puedo sentir el fuego en mis extremidades y estómago. Pero el frío gana terreno, deslizándose por mis huesos hasta el cerebro. Como si hubiera tomado un granizado…

Quiero despertarme. ¿Por qué aún no lo he hecho? Estoy consciente, por lo que dormida no estoy. ¿Es que estoy muerta? No puedo morirme, soy demasiado joven.

Necesito encontrarlo…

¿A quién? ¿O a qué?

Mi mente se calla. Una de las muchas cosas sin sentido que llego a pensar. Sacudo la cabeza y descubro que puedo moverme. Al fin…
Escucho a lo lejos unas bisagras chirriar y el aire frío choca contra mi piel, congelándome en escasos segundos. Una lenta respiración me acompaña en mis intentos de abrir los ojos. Puedo sentirla en mi cuello y oreja.

-Te dije que eres mía –susurra él.

Abro los ojos de golpe. ¡Es imposible! Él está… Él está muerto. Murió en el incendio, él no puede estar inclinado sobre mí con esa sonrisa arrogante.

-No debiste huir de nosotros… bueno, de mí.

-No sé de qué hablas Gregory –mi voz suena diferente cuando hablo. Me siento diferente, totalmente diferente. Tanto que no me reconozco cuando observo mi reflejo en el cristal. -¿Qué… me ha… pasado?

Mis ojos siguen igual, grises, pero incluso las facciones de la cara habían cambiado. Definitivamente era una fugitiva y con una nueva identidad. Mi piel ha perdido su bronceado, mi nariz era más fina y mi cabello ahora es de un tono caoba. ¿Cómo demonios había ocurrido esto?

-Tu amigo el buscador tiene las respuestas –dice tendiéndome la mano. ¿Matt? ¿Qué relación tiene con esto? Miro la habitación. Hay algo que me parece conocido. Creo que he estado aquí… Quizás sea la cascada en la pared o la fuente en el centro del salón o el hielo en el techo.

Mis ojos conectan con Gregory. Parece real. Parece vivo, no sumamente carbonizado como me lo imaginaba. Extiendo el índice y lo acerco a la palma de su mano con lentitud. Primero lo rozo y retiro el dedo con rapidez. Sólido. Piel.

Vuelve a tenderme la mano y cuando toco su piel, sus dedos se cierran con fuerza en torno a mi muñeca.

-Tú no estás… muerto. ¿Verdad?

Sacude la cabeza para apartarse el flequillo rubio de los ojos. Por primera vez ríe delante de mí. Me levanta en sus brazos y es entonces cuando me doy cuenta del cambio en mi vestimenta. ¿Quién me ha desnudado y me ha puesto este, este vestido? Un vestido de época de manga larga y corsé. Blanco. Un vestido blanco. Un vestido de novia…

-Claro que no. ¿Por qué piensas eso?

-Mi casa. El incendio. Dijeron que yo había muerto. Tú estabas conmigo, no sé si saliste… Pensé que tú eras… Era lógico que tú… -él está vivo. Por un casual logró escapar. Horas después encuentran huesos calcinados en mi casa. Mis padres están bien. Los suyos también. Entonces, ¿quién es el muerto?

Su profunda y malévola risa interrumpe mis pensamientos. Me paralizo en sus brazos y cuando llega al exterior me suelta en la nieve de la cima de la montaña. Segunda vez que aparezco de repente en un lugar desconocido. Y sin explicación…

Mis pies desnudos se hunden con la nieve. La baja temperatura de ésta sube por todo mi cuerpo pero por una extraña razón es agradable y lentamente se transforma en calor. Aún así mis articulaciones se resienten y mi estómago da un vuelco.

-Hm… ¿quieres saber quién apareció bronceada en tu camita? ¡Yo te lo diré! –me abrazo a mi misma tratando de protegerme del veneno que gotea de sus palabras. Una amplia sonrisa se extiende por su rostro cuando pronuncia mi nombre. –Era tu amiguita, la pelirroja.

-¿Heidi? –Él asiente con la cabeza. Su dedo índice traza la arteria aorta hasta detenerse en la sien. –Es imposible, pero si he estado hoy mismo con ella.

-No querida, no la has visto desde la última acampada. Se perdió en el bosque y, bueno, yo necesitaba un favor. Cosa que cumplió a la perfección.

¿Te estás riendo de mí? Heidi había estado conmigo anoche en la facultad y después en el apartamento de Matt.

Es. Im. Po. Si. Ble.

Sacudo la cabeza, pero sus dedos se clavan con más fuerza en mi piel. Mis venas se congelan, mis párpados se vuelven más pesados.

“Una rama se rompe. Alguien me sigue pero la oscuridad no me deja descubrir qué o quién es.

-¿Hay alguien ahí?

Como si fuera a responderte Heidi.

Una sombra se mueve a mí alrededor. Que el miedo no te domine. Que no te domine. Me agacho palpando el suelo hasta que encuentro una piedra. Le pego varias palmadas a la linterna y esta parpadea para alumbrar el rostro pálido de un chico.”


Sacudo la cabeza tratando de deshacerme del terrible dolor de cabeza que esa visión me ha dejado.

-Eso no demuestra nada. Sólo que la asustaste con tu apariencia de muerto –su boca se abre por la sorpresa, su ceño se acentúa. Gruñe y agarra con fuerza mi rostro mientras sus ojos azules me miran con furia.

-Del hielo nacerá esculpida la traidora. La sombra del fuego, la mancha del agua. Abre los ojos, cierra tu corazón, lo que ves no siempre es cierto –susurro con voz ronca y aterradora.

Mi mente está en blanco. ¿De dónde ha salido eso?

-¡Oh, vaya! Tu primer guardián te ha encontrado. ¡Y cuánta razón tiene! Lástima…

“Primero veo un iceberg. Me sumerjo bajo el agua para sorprenderme al encontrar una cueva marina. Nado a través de la boca hasta llegar al corazón del bloque. Se distingue una silueta en el hielo, una silueta femenina. Alguien pica el hielo y se asoma. Es Gregory.

Alguien más entra.
Y puedo reconocerme en esa mujer: cabello negro, ojos grises y labios rosados.

Es mi madre.

-Traigo lo que me pediste…”

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Re: Sweet fire.

Mensaje por Buxita22 el Dom Mayo 26, 2013 10:20 pm

Gracias x la historia!me esta encantandoooooo

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Re: Sweet fire.

Mensaje por crold♥ el Mar Mayo 28, 2013 6:38 pm

Buxita22 escribió:Gracias x la historia!me esta encantandoooooo
Gracias Smile

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Re: Sweet fire.

Mensaje por simkee el Lun Jun 03, 2013 6:51 am

me encanta

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Capítulo 6

Mensaje por crold♥ el Lun Jun 10, 2013 8:13 pm

Hola chicas, por fin volví a casa y ya tengo ordenador y wifi jijiji
Os tengo preparada una mini-maratón ya que he acabado oficialmente los exámenes (aunque tenga que recuperar algunas ._.)
A todas las que me leéis, muchísimas gracias. De cierta manera me obligo a seguir con esta historia.
Muchos kisses,
crold♥



Capítulo 6
No todo lo que ves es verdad. Y las pérdidas son puñales con el tiempo olvidamos que están ahí pero con una ligera brisa traemos al presente.
La mano de Gregory se estrella contra mi mandíbula y antes de que me recupere aprieta con fuerza mi cuello. Mi cuerpo trata de luchar, pero finalmente se deja hacer lo que sea.
-Cuando un elemental nace hereda los poderes de sus padres, pero en tu caso son dos y deberás elegir. Tú vas a elegir al Agua, como tu madre. Si no quieres que Deuce pague las consecuencias.
Escupo en el suelo y lo miro confusa. -¿Dos poderes? ¿De qué hablas? Yo sólo manejo el fuego.
Un gélido viento se levanta y me envuelve sin dejarme dar ni un paso. Mi cuerpo se vuelve más pesado y poderoso… Respiro profundamente el ártico aire mientras Gregory juega con mi cabello.
-Esta eres tú. Definitivamente… mi querida Helena.
Mi pelo ha vuelto cambiar de color. Ahora es de un rubio muy claro que casi parecía blanco. Así que de esta manera mi rostro ha cambiado…
-Helena es tu nombre aquí. Fuiste grandiosa, todo el mundo hablaba de ti y tu belleza. Eras el orgullo de tu padre… hasta que me conociste a mí –sus labios se acercan a mi oído. Entonces susurra –eché a perder tu futuro y tu primera vida humana. La tuya y la de tu hijo. Pero son cosas del pasado, espero que ya no me guardes rencor. ¡Si yo te quiero mucho!
¿Mi hijo? ¿Estuve embarazada? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Quién? Si yo, soy virgen…
*
Han pasado dos semanas desde la confesión de Gregory. Tiempo en el que he sido sometida a brutales entrenamientos mientras los recuerdos de mi vida pasada en Ignis, Sacra Ocreanum y Origin vuelven a mí.
Me llamo Helena, controlo el fuego, hielo y agua. Iba a casarme con Matt, o como yo le llamaba, Dennis. Recuerdo pasar mi infancia en palacio pero no sé si pertenecía a la familia real o a la Corte, ni a cual de ellas.
Fui una guerrera, y de las de más alto rango, una de las diez amazonas de la Luz junto a Charlotte, Suzanne y Margot, mis mejores amigas. Pero no duró para siempre, una de ellas me traicionó. Se alió con el enemigo y perdí todo lo que una vez tuve en mi vida.
-Mañana deberás elegir.
-No voy a decidir sin volver a sentir mi antiguo poder y explotarlo. Además no pienso ayudarte, ¿por qué debería?
Él ríe dando vueltas a mi alrededor hasta que frena de repente sorprendido. Mira hacia la escalera y puedo jurar que sus ojos son rojos. Ro-jos. En Sacra Oceanum ese color no existe para los elementales.
-¡Rayos! –exclama una conocida voz. ¡Es Matt!
Sacudo mi cuerpo para librarme por unos segundos del agarre de Gregory pero consigo convertirme en agua y escapo entre sus dedos cuando vuelve a atraparme. No me da tiempo a subir las escaleras cuando unos ojos negros me escrutan.
-Helena… ¡Diablos! ¡Sabía que eras tú! ¿Estás bien? –me atrae con fuerza abrazándome por la cintura y depositando un beso en mi frente. De repente, sin previo aviso me empuja detrás de su espalda. –Tenemos que salir de aquí lo más rápido posible.
-Dennis, Dennis. Tienes que saber algo sobre Heidi…
En ese mismo instante, como si mis palabras lo hubieran invocado, Gregory se planta frente a Dennis Matthew. Sin vacilación, éste golpea con su puño a Gregory. Si van a pelear, el que iba a perder sería sin ninguna duda, Gregory.
-Siempre has sido una bestia buscador. Pero te diré una cosa, ella de aquí no se marcha sin ver la sorpresa que le tengo preparada –sus ojos se clavan en mí y sonríe malévolamente. –O lo haré por las malas.
Un único silbido de Matt basta para que el cuerpo de las Amazonas de la Luz entre en el edificio. Aún reconozco sus rostros y nombres. La alta y pelirroja es Kerryna. A su lado Suzanne con el pelo corto y negro sujeta con fuerza su espada. Detrás de ellas Tamera y Brook a ambos lados de Charlotte, la líder. Y todas llevando el mismo atuendo de cuero negro. ¿Qué hacen ellas aquí? Y como si fuéramos pocos, los Iluminados se unen a la fiesta colocándose detrás y a ambos lados de mí.
Michael me sonríe saludándome con un asentimiento de cabeza. La última vez que lo vi perseguía a los Sublevados del Fuego. Adamae me agarra del brazo izquierdo, Michael del derecho y el novato por la cintura.
Entonces Matt se tensa. Señal negativa número dos. Me agito pero me agarran con fuerza. Suspiro profundamente y con un ágil movimiento me coloco bajo el brazo derecho de Matt. Mis ojos se abren excesivamente mientras el bastardo de Henry me sonríe divertido. ¿Cómo tiene la vergüenza de mirarme?
Bastardo. Mal nacido. Traidor…
Avanzo un par de pasos con los puños apretados. Quiero pegarle con todas mis fuerzas hasta matarlo. Pero jamás llego a él porque Suzanne y Charlotte me sujetan con fuerza.
-¡Soltadme! ¡Joder! ¿Queréis hacerme caso por una vez?
-No vamos a hacerlo, es cometer un suicidio. No, ni de coña –dice pensándolo una vez más Charlotte.
Todos desaparecen con un chasquido de dedos. Todos menos los bastardos de Gregory y Henry que ríen divertidos. Han jugado conmigo y van a seguir haciéndolo, son más fuertes que yo.
-Cuanto tiempo sin verte Helena. Has vuelto a ser la que eras –dice Henry. Mira a Gregory y golpea suavemente su hombro. -¡Te lo dije! ¿Cuánto ha tardado, eh? Al final hacerme pasar por el padre de aquel estúpido ha dado sus frutos.
-Sigues siendo el mismo pedante y vulgar de siempre –enarco una ceja y suspiro. -¿Ya has dejado de mearte encima? –sonrío ampliamente. No hay nada como sacar a un imbécil de sus casillas. Y quizás si lo fuerzo demasiado, podría obtener una clase Ígnica. Da un paso hacia mí pero Gregory lo frena rápidamente.
-Eh, ni la toques, ni siquiera la mires.
-Está bien. No la tocaré, pero quizás abu pueda… ¿no?
-Quizás, ¿por qué no lo compruebas? –ofrece Gregory con una malévola sonrisa.
¿Qué pretenden? ¡Oh…no!
Ante mis ojos la expresión facial de Henry se transforma. Su cuerpo se sacude y abandona sus marcados músculos por una barriga cervecera. Unas arrugas aparecen alrededor de sus ojos verdes. Se le forma una papada y su cabello castaño pasa a ser grisáceo en los lados de su cabeza, dejando su frente desnuda.
Es… Es el abuelo de Ivy, mi forma humana. El abuelo Theodore, ese hombre era mi modelo cuando era una niña…

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Capítulo 7

Mensaje por crold♥ el Vie Jun 14, 2013 10:53 pm

Capítulo 7

Se consume el mundo si el dueño no elige bien. La piel se adhiere al hueso que comienza a pudrirse. Somos cadáveres andantes, zombis, en buscar del perdón del cosmos.
Me siento en el mismo lugar en el que he pasado la noche. El viento sacude las ramas del árbol mientras me vuelvo una bola dentro del tronco medio abierto. Mi cuerpo tiembla sin control, mis dientes castañean, mis pestañas están congeladas… No puedo elegir este elemento, me matará. Yo pertenezco a Ignis. Mi lealtad es al fuego…
Sujeto el collar entre mis frías manos. En el centro un insignificante punto blanco crece lentamente. Está dejando de ser un elemental. Y eso tiene que ver con “Heidi”. Estoy segura… Pero yo no puedo moverme de aquí, no puedo ayudarle. Y me desespera imaginar lo que podría ocurrirle.
Vuelve a nevar intensamente. Un lobo aúlla a lo lejos pero cuando se calla, unos pesados pasos hacen que todo el lugar tiemble. Trago saliva tratando de deshacer el enorme nudo de mi garganta. Los nervios se agolpan en mi estómago, aumentando mi temor al romper mi tranquilidad.
Un lobezno aparece entre los árboles, confundiéndose entre el nevado paisaje pero sus grandes ojos negros me permiten saber que no es algo creado por mi mente como en un principio pensé acerca de este mundo. ¡Él o ella está realmente ahí! Y es…
Oh-oh. El pobre pequeño cae a varios metros de mí. Y no sé por qué, pero me preocupa y mucho y me aterra la idea de que el enorme dragón negro que vuela hacia él acabe por tragárselo de una sola vez. Lo más increíble es que se ha cumplido lo imposible:
Un dragón en su forma original.
Obligo a mis pies entumecidos a moverse lo más rápido posible hasta que me dejo de caer de rodillas frente al cachorro. Acaricio el pelaje entre las orejas y desciendo hasta su pata, capturando algunas gotas de sangre en mis dedos. Abre la boca forzándose a respirar mientras paso la yema de los dedos por el collar icónico del hielo, hasta que lo giro y el símbolo fuego aparece. Un pequeño de Ignis y Sacra Oceanum, como yo, apunto de morir.
Tengo que hacer algo…
Levanto al lobezno y lo abrazo con fuerza tratando de darle algo de mi calor, aunque eso y nada es lo mismo. Sus temblores hacen que miles de escalofríos recorran mi cuerpo y no me ayuda el terrible horror que me provoca la criatura de cinco metros que respira a doscientos metros de mí.
-Del hielo nacerá esculpida la traidora. La sombra del fuego, la mancha del agua. Abre los ojos, cierra tu corazón, lo que ves no es siempre cierto –dice el dragón con una profunda, grave y ronca voz.
Mis ojos se abren lo máximo posible al reconocer esas palabras. Yo las había dicho con esa misma voz… ¿Es él mi guardián?
Mi corazón late desbocado, ya no tanto por el temor, sino por la adrenalina. Es como si hubiera recuperado una parte de mí. Es… extraño. Esta sensación de plenitud incompleta, como si fueras un rompecabezas y fueras reuniendo pieza por pieza.
Agacha la cabeza hasta apoyarla en el suelo en una posición sumisa. Levanto lentamente la mano con miedo a hacer un movimiento en falso. Podría aplastarme sólo con un dedo del pie. Sus ojos amarillentos me miran y un suspiro escapa de su enorme boca cuando mis dedos acarician las escamas de color azabache.
Es un dragón hermoso. Su cráneo asciende hasta acabar en unos redondeados cuernos unidos entre sí por membranas azuladas. Patas gruesas que terminan en garras dobles y brotando de su espalda dos majestuosas alas negras con toques azulados en el interior.
-¿Gillian? No recuerdo haberte visto antes y tampoco estoy segura de si es tu nombre o no… -susurro incapaz de alzar la voz. –Pero es como si te conociera…
-Desde siempre –dice interrumpiéndome. Frunce el ceño y la marca en su sien se acentúa. –He cuidado de ti desde que rompí el cascarón en este mundo y en el humano. –Pero, ¿cómo? Los seres de este mundo, como él, no pasan desapercibidos a los ojos humanos. –Ivy, tú me conociste…
-¿Cómo? –pregunto confundida y sorprendida mientras el lobezno olisquea mi cuello y cabello. Emite un ladrido como si fuera un perro y mueve la cola antes de lamerme la mejilla. Sí que se ha recuperado pronto… Me alegra vero así. Sonrío ampliamente acariciando el blanco pelaje.
-Helena, mírame… -dice una conocida voz masculina. Parpadeo varias veces, sorprendida de encontrarme frente a mí a William. Sin sus ojos negros… mostrándome su verdadera naturaleza por el iris amarillento.
Helena, cierra la boca que se te va a desencajar.
-Te he cuidado durante tus tres últimas vidas humanas –sonríe con ternura y sacude la cabeza. –Estás en lo correcto, aquí soy Gillian. Utilicé William por su parecido, para que no me descubrieran. Si yo caía, tú vendrías detrás. No estaba dispuesto a ponerte en peligro y menos a abandonarte. Lo hice una vez y por eso estamos así…
-¿Qué… ocurrió? –pregunto sumamente curiosa.
-¿De verdad quieres saberlo? –afirmo lentamente con la cabeza. Se acerca a mí con pausada elegancia hasta situarse a un paso de distancia. –Te encontraron. A ti y al bebé… No soportaste el parto.
Así que morí en el parto. Mi cuerpo tiembla descontroladamente, aterrada por la idea. Pero entonces, ¿eso quiere decir que el bebé también murió?
-¿Y… el bebé?
-Él sigue vivo en su forma elemental. Podrás verlo cuando sea el momento. Volverá a ti, te lo prometí y te lo vuelvo a prometer –dice evitando que pronuncie palabra alguna. ¡No puede decirme que mi hijo está vivo y esperar que no haga nada! ¡Tengo que verlo!
-¿Dónde está?
-No puedes verlo por ahora, no hasta que recuerdes todo lo que ocurrió…

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Re: Sweet fire.

Mensaje por crold♥ el Vie Jul 05, 2013 9:11 pm

Hola chicas, os traigo el siguiente capi después de... algo de tiempo. Lo siento, ando de exámenes de recuperación y argggg, mi cabeza me pide escribir pero hay que estudiar :/

Capítulo 8
Creía que los dragones eran los últimos seres sobrenaturales que seguían sumidos en el letargo. Parece ser que estoy equivocada… Pienso que Gillian no es el único. Aún no me siento completa. Una parte de mí ha vuelto, pero hay otra que aún es desconocida y quiero encontrarla.

Levanto el pie derecho para avanzar. Me hundo hasta que la nieve toca la parte superior de mis botas que en vez de abrigarme sólo aumentan mi frío a tal grado que he dejado de sentir los dedos. Mi vestimenta tampoco ayuda… El vestido de corsé, que me llega por los talones, está completamente mojado por la parte inferior. Tirantas, sin mangas, y no, no llevo chaqueta.

Es parte del entrenamiento, replica mi mente imitando la voz de Gregory.

Mis pies se hunden en la nieve, dejando atrás un camino de huellas que los copos borrarán en horas. Sujeto al lobezno con fuerza cundo se mueve inquieto. Camino por el claro tratando de tranquilizar al pequeño animal pero hasta que no lo suelto no es feliz. Mi hombro derecho vuelve a arder cuando lo hago, pues aún mi piel recuerda los expertos dedos de Gillian trazando la marca con forma de nieve. La familia agua, la rama del hielo. La marca que Gillian también posee…

La marca de la muerte.

Un copo de nieve de cinco brazos en el que una gota de agua preside la marca en el centro rodeada por dos círculos blancos. Su dedo índice acarició mi piel desnuda, tranquilizándola antes de marcarla. Un ligero escozor se encendía allí donde su dedo tocaba hasta que rozó con la uña para realizar los círculos. Un gemido de dolor escapó de mis labios al sentir como una cuchilla ardiendo tatuaba mi cuerpo.

Parpadeo varias veces al sentir un tirón en el bajo de mi vestido acompañado por un gruñido. ¿Qué es lo que quiere? ¿Pretende que lo siga a través de los árboles? Camino tras él no tan rápido como quisiera hasta que se para detrás de un enorme roble.

-¿Qué ocurre? –murmuro cuando se detiene.

Nada, ni se mueve. Se sienta y observa los árboles, así que hago lo mismo que él. Este perro salvaje a veces me inquieta. Es más perceptivo que yo, y eso me da miedo. Quiero estar preparada ante cualquier cosa, pero hay detalles que se me escapan. Suspiro pesadamente cuando lo escucho.

Unos pasos rápidos de un caballo a lo lejos acercándose hasta nuestra posición y en cuestión de segundos dos jinetes pasan por delante de nosotros. Un precioso caballo negro se desboca mientras el jinete trata de tranquilizarlo y cuando lo consigue, sus ojos se clavan en mí.

Oh-oh.

Una gota roja resbala desde mi collar hasta el borde del vestido. Miro confusa como la piedra se astilla hasta explotar en miles de gotas rojas y blancas. Mi cuerpo tiembla. No es por el frío. Matt ya no es un elemental…

Tengo que encontrarlo.

Sujeto con rapidez al lobezno en mis brazos, encontrándome con unos ojos rojos en la oscuridad de la capa. Enfado, furia, odio hacia lo que aparentemente represento. Entonces cierro los ojos, dejando que sea lo que tenga que ser, encontrándome demasiado débil como para luchar.
Después de unos minutos abro los ojos lentamente. Nadie a mi alrededor, nadie que me fulmine con la mirada… Suspiro con tranquilidad dejándome caer en la nieve mientras sostengo el collar ahora sin vida. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Cómo hemos llegado a esto?

La única en mi vida,
te protegeré del infierno e incluso del cielo si me lo pidieras,
incluso si no. Haría todo por ti...

Fue la única promesa que hizo. Él no es de hablar. Él entra en acción, diciendo todo con sus decisiones, mostrándome todo su amor con sus besos y protección. Y ahora lo había perdido todo, incluso mi vida como Ivy. Todo lo que puedo hacer es luchar por mi supervivencia mientras trato de encontrar a la familia de este pequeñín y también, tratando de volver a él.

Froto mis brazos tratando de darme calor con la fricción al mismo tiempo que el lobezno da vueltas a mi alrededor y gruñe. Ni siquiera me he dado cuenta de su presencia por sumergirme en mis pensamientos. Me enseña los colmillos, su pelaje se eriza. ¡Va a atacarme!

Trago saliva con fuerza tapándome lo más rápido posible el rostro. Espero y espero, pero jamás siento sus colmillos atravesar mi piel. Escucho unos pasos en la nieve y cómo un cuerpo hace de barrera contra el aire. Entonces no va a atacarme a mí, sino quien está detrás de mí tapándome con una capa de seda negra. Me llevo la mano al pecho en forma de alivio. Gracias a los dioses…

Instantáneamente me paralizo cuando la fina tela roza mi piel hipersensible, a pesar de saber que se encontraba allí. ¿Quién es? Ojalá que no sea Henry… soporto un poquito a Gregory, pero a él ni eso.

-No deberías estar aquí. Es peligroso para alguien como tú –exclama una familiar voz.

Unos segundos de silencio después, me levanto totalmente erguida y en alerta, hasta encontrarme con unos ojos grises, cabello azabache y unos labios curvados en una sonrisa hasta que me observa detenidamente y entrecierra los ojos.

También me alegro de verte, querido…

Mi cuerpo se paraliza y cuando está a punto de alcanzarme, gruñe fastidiado al no poder mover los pies del suelo. Observo como mis manos desprenden vapor y sonrío ampliamente aliviada. Me gusta que mi cuerpo responda así, sin que lo planee. Me recuerda a… No sigas por ese camino Helena.

-Sácame de aquí –escupe entre dientes amenazante. Sus ojos me fulminan pero no me siento para nada intimidada.

-Si lo hago vas a pegarme o peor aún, hacer alguna imprudencia de la que te vas a arrepentir. Así que no, hasta que te tranquilices te quedarás ahí… -agarro al lobezno y me doy la vuelta. No doy ni dos pasos cuando su grito me frena.

-No me dejes aquí… -susurra a mis espaldas. ¿Por qué no? Un Iluminado puede fácilmente liberarse. Es un truco, grita mi mente. –Por favor, bruja del hielo…

Mi mente se estira, eso lo he escuchado antes. ¿Cuándo? Un recuerdo se apodera de mí.

Piel suave y bronceada, una sonrisa deslumbrante a pocos centímetros de mi boca. Unos ojos grises queriendo capturarme y cuando lo hacen, sus labios se aprietan contra los míos…

-Eres mi bruja del hielo…


Reacciono para ver a un niño de siete años, tez pálida y cabello negro protegerme de Adamae. Su hombro aún sangra pero eso no le impide mostrar su fortaleza. Su determinación y su entrenamiento como ¿hijo del hielo o como hijo del fuego? Porque tiene ambas marcas, una en cada hombro.

-Déjala en paz demonio… -escupe entre dientes. Si acaso medirá un metro y se porta como un adulto pero se puede palpar el odio hacia Ignis en su voz. ¿Qué es lo que le han hecho? ¿Acaso ha sido abandonado por sus padres siendo éstos de Ignis?

-¿Y tú quién eres enano? Por favor, no me hagas reír, ¿qué vas a hacerme tú? –dice entre risas. No importa quien sea, lo que verdaderamente es importante es que puede patearte el culo aunque le saques varias cabezas. Pero tan pronto como le presta atención, se aburre de él y vuelve a centrarse en mí. -¿Por qué eres igual que Helena Firestorm? O bueno, su versión ice.

Podría decirle todos los planes de Gregory, pero no confío en él. A decir verdad, no confío en nadie salvo Gillian y este pequeño que acaba de encontrarme. Me defienden, me cuidan y me apoyan. Es lo único que necesito por ahora…

Sacudo la cabeza varias veces. No puedes decírselo, no te creería y sólo aumentaría su odio hacia ti.

–Nací así –digo con un leve tono sarcástico. Pero toda mi diversión acaba cuando una mano me sujeta por la cintura mientras la otra me tapa la boca. Oh, mierda. Definitivamente soy un rehén…

-Te me has escapado antes, pero ya no más.

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Re: Sweet fire.

Mensaje por Kirby el Sáb Jul 06, 2013 12:01 am

AHHHH MUERO




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Re: Sweet fire.

Mensaje por crold♥ el Dom Jul 07, 2013 12:38 am

Los hay más bonitos aún, pronto toca uno que es así y awwww :3
Mañana publico adelanto Wink

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Adelanto 8. II.

Mensaje por crold♥ el Dom Jul 07, 2013 10:47 am

Hello! ¿Qué tal estáis? Espero que el fin de semana haya sido agradable como el mío con mi little hamster. Es tan mono   

Quería informar acerca de las publicaciones, serán semanales, posiblemente de VIERNES a DOMINGO. Los adelantes serán los Martes o Miércoles, salvo esta semana que lo tengo descontrolado, lo que quiere decir que hoy publico adelanto pero hasta el viernes no hay capítulo nuevo.



Aquí el adelanto:

Lo observo a escasos centímetros de mí, mirándome amenazantemente. Era una guerrera experimentada y altamente cualificada. ¿Cómo podía cometer tal error? Regla número dos de las Amazonas: estar siempre alerta.

Cuando quiero reaccionar su mano agarra mi cuello y aprieta con rabia. Mis brazos sujetan sus muñecas tratando de aflojar su agarre pero es imposible. Clavo la mirada en sus ojos rojos, furiosos, sus labios entreabiertos dejándome ver sus dientes apretados con furia.

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Re: Sweet fire.

Mensaje por crold♥ el Jue Jul 11, 2013 12:46 am

Hola chicas :mola: 
Os traigo capi nuevo, sí, sé que es jueves y dije que a partir del viernes pero resulta que ese día tengo examen de recuperación y tengo que volver al piso de estudiantes donde no tengo ni siquiera ordenador  
Disfrutad del capítulo y hablamos el martes con el adelanto  .

Capítulo 8, parte II
Observo prepotente cómo Adamae camina hacia el niño, lo sujeta y lo levanta hasta que su rostro queda a la altura del mío.

¿Cuál es tu nombre?, grita mi mirada, esperando que lo capte.

-Dave –sonríe levemente con un matiz travieso. Entonces alza la cabeza en dirección a Adamae que habla con el idiota que me agarra. Sé lo que pretende Dave y me gusta. Me muevo tratando de soltarme, o hacerle creer eso, hasta que consigo lo que quiero. Me abraza por la cintura con fuerza, alzándome cuando pataleo consiguiendo alcanzar a Adamae en su entrepierna en el mismo segundo que Dave muerde su mano con fuerza.

-¡Oh joder! –se derrumba en el suelo, soltando automáticamente al pequeño niño que fija su mirada detrás de mí. Puedo ver como de sus ojos caen lágrimas. Supongo que le ha dolido.

-Te dije que te ocultaras y te haces amigo de esta basura –exclama la grave voz. No es verdad que él me haya llamado basura. ¿Por qué? La tristeza y decepción se convierten en furia y con toda mi fuerza golpeo sus rodillas. Rápidamente me alejo de su alcance mientras murmura maldiciones contra mi persona. Nuestros ojos conectan, dejándome sentir su expresión animal. Aquella que tanto evitó conmigo. –Maldita bastarda, te mataré… -gruñe sobándose las rodillas.

-Inténtalo y te quedarás sin hijos –levanto la mano derecha completamente congelada. Muevo el índice enfocando mi vista en la nieve que está debajo de su entrepierna. Unos cristales de hielo brotan del suelo hasta rozar sus pantalones pero ni aún así se intimida.

Lo observo a escasos centímetros de mí, mirándome amenazantemente. Era una guerrera experimentada y altamente cualificada. ¿Cómo podía cometer tal error? Regla número dos de las Amazonas: estar siempre alerta.

Cuando quiero reaccionar su mano agarra mi cuello y aprieta con rabia. Mis brazos sujetan sus muñecas tratando de aflojar su agarre pero es imposible. Clavo la mirada en sus ojos rojos, furiosos, sus labios entreabiertos dejándome ver sus dientes apretados con furia.

-De… Den-nis… -susurro empezando a sentir la falta de aire. Sigue así durante unos segundos más hasta que fija la mirada en mi collar descascarillado. Sus manos me sueltan sólo para tocar el collar y leer la inscripción.

Me mira detenidamente a los ojos y sé lo que está viendo. Yo también me asusté la primera vez, esos ojos amenazantes de iris blanco observándome en el agua. Pero rápidamente la furia vuelve a dominarlo, sujeta mi cabello arrastrándome hasta lanzarme al suelo frente a Dave.

-Además ladrona. Ese es mi collar. ¿Cómo se lo robaste? -gruñe agachándose frente a mí.
-No sé de qué hablas. Yo no he robado nada a nadie -escupo entre dientes, lo que me hace ganarme una bofetada.

Dennis me ha pegado. No lo puedo creer. Él me ha... El hombre al que quiero, el padre de mi hijo, mi prometido, mi futuro marido me ha golpeado. Y yo... yo se la devuelvo. Maldito Deuce.

Aprieto el puño con fuerza y golpeo su ojo derecho, retirándome a tiempo cuando contrataca. Observo por el rabillo del ojo a Adamae levantarse lentamente del suelo. Tiene que ser una pelea equilibrada, así que me encargo de crearle una preciosa jaula de hielo.

-¡Sácame de aquí! -gruñe entre dientes. Sacudo la cabeza mordiéndome el labio divertida por su frustración. Los ojos de Matt pasan de estar en Adamae a mí, que encojo los hombros cuando nuestras miradas se cruzan.

Con un rápido movimiento me pongo detrás de él. Mi maldita ropa me impide moverme todo lo bien que quiero. ¿Qué es lo que hago? Destrozar mi vestido hasta la rodilla y es por eso, por el que no esquivo la patada que me da Matt en el tobillo. Grito con todas mis fuerzas al sentir como se desencaja.

El dolor es mental...

Me muerdo el labio inferior con fuerza, haciéndome una herida, pero no importa. Respiro profundamente y devuelvo la articulación a su sitio. Aunque haya hecho esto, no puedo caminar y estoy terriblemente acabada... y muerta.

-La necesitamos viva De -dice Adamae observándonos desde su cárcel. Matt gruñe en respuesta. Entonces es cuando si me dejo guiar por el miedo.

-¿Qué sabes de los planes del hielo? -escupe entre dientes a escasos centímetros de mi rostro.
Nada que deba decirte.

El odio hacia lo que se ha convertido empieza a crecre en mi interior llegando al mismo nivel del amor hacia lo que fue. ¿O siempre fue así?

Su ceño se arruga mientras sus ojos me examinan de arriba a abajo hasta acabar en la marca de mi hombro y posteriormente en la de mi espalda. ¿Te dicen algo?

Me tiende la mano, la cual miro entre asustada y recelosa. ¿Ahora quiere ayudarme? Alguien debería consultar a un médico sobre la bipolaridad. Respiro hondo y acepto que me ayude a ponerme de pie pero entonces, cuando lo consigo, le pego un puñetazo con todas mis fuerzas, haciéndole caer de culo.

-¡No vuelvas a tocarme en tu vida, imbécil! -grito. Dave se agarra a mi pierna alzando la mirada hasta mí, preocupado por algo.

De nuevo acabo en el suelo tumbada, pero con la diferencia de tener a Matt furioso encima de mí. Es la misma expresión de antes, pero se controla. Este si es el que yo conocía...

Aparta mi cabello húmedo de mi rostro y pasa los nudillos por mi mejilla en un tierno gesto. Se gira, bajando la guardia por un par de segundos. Miro sus ojos hipnotizada, se siente tan bien que no me preocupa sus cambios tan repentinos de humor. Además, sé que él también lo siente, nuestra conexión. Quiero besarlo pero alguien aclarándose la garganta nos interrumpe.

-Bebé, ¿estás bien? –susurra Gillian abrazándome por detrás, separándome de él. Asiento lentamente mientras agita sus dedos, apresando a ambos Iluminados contra el suelo.

Dave corre hasta mí tendiéndome los brazos para que lo cargue, a pesar de que supone más peso para mi tobillo dolorido. Lo alzo y automáticamente me abraza con sus piernas y brazos, escondiendo su rostro en mi cuello. Y entonces, todo queda en silencio hasta que…

Un caballo relincha mientras trota hacia nuestra posición. Una mujer grita hasta que de pronto queda en silencio.

-Helena… -susurra Matt.

Entonces, como si mi nombre hubiera invocado a la imitación, el blanco caballo que un día fue mío rompe el silencio. Relincha levantándose en sus dos patas, lanzando a la bastarda copia del hielo contra un árbol.

Ni siquiera sé si esa cosa tiene sentimiento y si es así, no me sentiría tan culpable por no compadecerme de ella. Es el engendro del mal.

-Llévatelo de aquí. ¡Hazme caso Gillian! –le digo tratando de pasarle a Dave. Tras varios segundos de forcejeo, logro que éste me suelte y Gillian lo agarre. Suspiro y camino hasta el centro del claro donde Pegaso se desboca furiosamente.

Reconóceme amigo…

Paro a cinco pasos de donde se encuentra el animal. Relincha más calmado y avanza hasta colocar la cabeza en mi hombro. Mi blanco diablillo siempre tan listo…

-Hola coquito golosito Pegasito. ¿Me has echado de menos? Yo a ti mucho –susurro acariciando sus orejas. Todo lo que confía en mí lo demuestra con ese gesto, ya que debe existir una gran relación de confianza entre ambos, entre jinete y caballo.

Paso los dedos por su crin bajando hasta la curva de su cuello. Me giro y les sonrío a mis dos chicos preferidos, pero rápidamente se me borra cuando cruzo miradas con Matt.

Suéltame.

No. Me has amenazado… ¿estás loco?

Por favor, ella necesita ayuda.

No voy a soltarte hasta que nos marchemos.

Por favor…

Pero aunque me pide socorrerla, veo la duda en sus ojos. ¿Quién soy yo? ¿Y por qué Pegaso si me hace caso y a ella no si a la única que le hace caso es… a mí? ¿Rostros iguales? No es simple casualidad.

El cuadrúpedo se agacha en sus patas delanteras, cosa que siempre hacía antes de que me subiera. Sonrío y agito las riendas hasta pararme al lado de Gillian. El pequeño D me sonríe y se esconde en el hombro de Gillian pero finalmente se estira acariciando a Pegaso debajo del ojo. Mi corazón se arruga por el pequeño hombrecito tan valiente y tierno. Me mira a través de sus largas y espesas pestañas antes de tenderme los brazos.

Pegaso relincha suavemente cuando lo coloco delante de mí, sujeto por mis brazos. Agarro las riendas y golpeo con suavidad el costado del animal.

Hay que salir de aquí, lo más rápido posible la zona más espesa del bosque está a unos dos kilómetros y si no llego hasta allí, me cazarán.

La bastarda copia se planta frente a nosotros con una diabólica sonrisa y es ahora cuando yo maldigo a los mil mundos por no recuperar mi lado fuego.

Una bola de fuego pasa delante de mis ojos y no dudo en cogerla. Si me quemo, adelante, entonces es que no soy quien creo que soy.

El fuego se consume en mi mano pero extrañamente siento el calor sumergirse a través de mi piel. Se siente... se siente bien. Rozo el pulgar y el índice para que unas chispas broten de ellos. La Helena de entonces ha vuelto, el fuego vuelve a ser mío.

Sacudo la mano con fuerza para verla arder con sorpresa. ¡No lo puedo creer! Quiero gritar de la emoción pero con un gruñido, la bastarda pretende llegar hasta nosotros, viéndose interrumpida por Gillian. Mi corazón late en mi garganta mientras aprieto a Dave contra mi cuerpo, asegurándome que estaba seguro.

¿Qué pretendes Gillian?

Vete, los distraeré…

No. Te capturarán.

Vete.

Claro que no voy a irme. No pienso dejarte aquí. -Quédate aquí -le ordeno a Dave. Él asiente lentamente con la cabeza agarrándose a la silla mientras desciendo lo más rápido que mi tobillo me deja.

Un empujón. Hielo manchado de sangre.

No he actuado lo suficientemente deprisa.

Toco el hombro de mi copia. Es extraño, porque no se siente como... como cualquier elemental. Su carne es dura y fría. ¿Sólo yo lo noto? Sacudo la cabeza y la giro golpeándola con fuerza.

Ni un sólo rasguño...

Uno, dos, tres, cuatro son los golpes que recibo en el abdomen y la cara hasta que con un último empuje en el pecho me lanza varios metros hacia atrás, cayendo de espaldas sobre la nieve.

-Lástima que aún no pueda matarte... -susurra en mi oído.

Observo sus nudillos acercarse a mis ojos con rapidez y lentamente me sumerjo en la inconsciencia incapaz de hacer frente al inmenso dolor de los golpes.

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Capítulo 9

Mensaje por crold♥ el Sáb Jul 20, 2013 2:39 pm

Capítulo 9
Aprieto molesta los ojos al sentir una fuerte luz en mis ojos. Estoy sudando, tengo calor. ¿Desde cuando ocurre esto? Me he acostumbrado al frío, a congelarme completamente, pero esto parece nuevo para mí y parece porque esto lo he sentido antes.

-¿Por qué no han despertado aún? -pregunta impacientemente una voz infantil preocupada. ¡Un momento! ¡¿Ha dicho han?! ¿Quién...?

Sólo hizo falta un empujón para que la copia helada de mí gruñera fastidiada ante Gillian. Ella gira a la derecha, él se mueve hacia el mismo sitio, impidiéndole llegar hasta su objetivo. Yo. Para llevarse como premio una puñalada en el pecho con su propio elemento.

Trato de deshacerme de la fatiga que me impide abrir mis ojos y recorrer cada rincón de este sitio para encontrarlo, pero no sucede nada por mucho que pongo todo mi esfuerzo en ello.
Quiero suspirar, pero ni siquiera puedo hacer eso. Mi mente, sentada en una silla, golpea el suelo con el talón impacientemente pero demasiado pronto pasa al modo cotilla, al ceder toda su atención al ruido que hace una ventana al ser forzada a abrirse. El aire caliente roza mi cuerpo haciéndome sentir bien...

Es verdad, el fuego ha vuelto a mí.

-Voy a echarle un vistazo a Gillian. Si hay algún cambio avísame -informa una voz de hombre.
Segundos después la puerta se cierra con un crujido y un chasquido. Es éste el que provoca que todos los golpes que recibí volvieran a revivir. Abro rápidamente los ojos mientras mis manos vuelan a mi cabeza, tratando de calmar mi dolor con un leve toque de mi piel helada.

¡Que alguien haga parar esos latidos!

-Dave... ¿dónde está? -susurro con voz estrangulada. Me mira sentarme en la cama durante unos segundos, mientras jadeo de dolor. Se acerca rápidamente al marco de la puerta y grita el nombre de Michael. -¿Dónde está?

Apoyo la cabeza en las manos mientras el dolor empieza a retirarse poco a poco. Dave sigue en la puerta, mirando hacia el pasillo sin contestarme, sin siquiera dedicarme una mirada cuando un grito retumba en las paredes. Algo horrible le ha ocurrido a Gillian. Necesito saber cómo está. Muerto desde luego que no, pero no sé cuan grave se encuentra. Así que me levanto lo más rápido que mis piernas entumecidas me permiten. Me sujeto a la cómoda que hay en una de las paredes.

Mis piernas tiemblan, si no fuera por el continuo apoyo que encuentro en elementos del mobiliario. De no ser así, estaría en el suelo ahora mismo y no observando el silencioso y destartalado pasillo de madera.

-¡Helena! ¡Aún estás débil! ¡Vuelve a la cama! –me ordena Dave agitado pero no le hago caso.

Camino a pasos cortos pero rápidos, hasta que dejo de encontrar el apoyo necesario para seguir. Mis pies tiemblan y noto la fuerte presión que me provocan las vendas en uno de mis tobillos. Bajo lentamente la mirada hasta encontrarlo vendado y convertido en un enorme bulto.

¿Qué es lo que hago? Destrozar mi vestido hasta la rodilla y es por eso, por el que no esquivo la patada que me da Matt en el tobillo. Grito con todas mis fuerzas al sentir como se desencaja.

¿Cuánto tiempo estaré así? Porque no me agrada dármelas de enferma-y-dolorida, sino que tengo varios asuntos que resolver. El primero es devolver a los Iluminados a su mejor guerrero y que el bastardo de Gregory pagara por destrozar mi vida y la de mi bebé. Debía planearlo todo al milímetro. Mi venganza será terrible…

Fuerzo a mis pies a caminar más deprisa pero sólo logro que el dolor que parecía dormido lata con fuerza y calor en mi articulación. Además de tropezarme y casi caer... casi. Si no fueran por los brazos que me rodean firmemente. Extrañamente cálidos, extrañamente familiares.

Alzo lentamente la mirada para observar una pálida y suave piel cubierta por una barba castaña. Subo aún más hasta encontrarme con una perfecta sonrisa blanca y unos ojos azules.

-¿A dónde iba... señorita? -pregunta apartándome el pelo de la cara con una sonrisa. Automáticamente mis mejillas deciden sonrojarse. -Veo que te encuentras mejor, pero, necesitas descansar todavía -me regaña cogiéndome en brazos.

¿Eh? No, no. Tengo que entrar en esa habitación.

-Estoy cansada de estar en la cama. Quiero verlo... por favor... -susurro poniendo mi mejor cara de cachorrito. Mi labio inferior sobresale levemente y tiembla para darle más dramatismo a mis ojos repentinamente brillantes por las lágrimas que quieren no salir. Algo a lo que yo llamo lágrimas de cocodrilo. -Por favor...

Michael rueda los ojos y suspira. -Está bien.

Le sonrío ampliamente mientras paso mis brazos por su nuca, sujetándome con mayor fuerza al sentirme resbalar. Apoyo la cabeza en su hombro y cierro los ojos escuchando segundos después el chirrido de las bisagras al abrirse la puerta. Los abro rápidamente y observo la oscuridad antes de observarle a él, sus rasgos, su cuello, esa cadena de oro escondida tras su camiseta negra.

Me estremezco por una parte al sentir el frío ambiente pero mi otro yo se siente fantástica con ese dulce y ártico aire recorrer mis pulmones.

Observo la habitación en penumbras. Cada tablón de madera barnizado está firmemente clavado al siguiente mientras que los muebles de color negro están alineados y pulcramente limpios. En la pared de la izquierda una amplia cama cobija al bulto en el que se ha convertido Gillian. Mi Gillian...

-¿Qué haces aquí? Tienes que descansar -escupe Gillian entre dientes ligeramente enfadado. No se mueve, ni cuando mis brazos lo rodean con cuidado. No sé si está cansado, o si el enfado se debe a que no hice lo que me pedía.

-Tenía que verte y saber que… estabas, hm, bien –susurro nerviosa mirando mis manos sobre los hombros de Michael. –Pero… mejor me voy.

Trato de descender hasta el suelo, pero ni Michael ni Dave me lo permiten. Suelto un bufido bastante alto mientras el fuerte hombre que me sujeta camina hacia la puerta, cruza el pasillo y me suelta sobre mi cama.

-No se lo tengas en cuenta. Está un poco cascarrabias desde que despertó –dice Michael dejando un beso en mi frente. Asiento lentamente mientras muevo el pie con tal de colocar el tobillo en la posición más agradable para que Dave no lo rozara sin que tuviera que soltarme.
El pequeño coloca la cabeza debajo de mi barbilla al mismo tiempo que juega con mi cabello. Suspiro tratando de relajarme y alejar de mi cabeza a Gillian y su enfado sin motivo.


No sé cuanto tiempo ha pasado, sólo que he estado deambulando entre el sueño y la consciencia. Unos fornidos brazos me rodean, atrayéndome hasta un duro y fuerte cuerpo. ¿Michael? Entreabro los ojos para observar a mi acompañante. Apoyo la cabeza en su hombro y vuelvo a cerrar los ojos abrazándome a él.

¿No estaba enfadado Gillian conmigo?

-¿Estás bien? –susurra contra mi cabello. Asiento con la cabeza incapaz de decir ni mu. Porque no quiero romper este momento, no quiero traer a flote su enfado. –No estoy enfadado contigo. ¿Sabes? Alguien va a venir a visitarnos y me preocupa tu reacción…

-¿Por qué? ¿Quién es? –susurro adormilada. Sus manos se entrelazan en mi espalda, estrechándome contra sí. Por lo que veo ya está bien y en el lugar en el que debería estar su herida sólo hay fría piel.

-El rey de Sacra Oceanum, Johan, tu tío materno –dice tranquilamente. Abro los ojos repentinamente y arrugo el ceño apoyada sobre mi codo, a punto de reírme de su confesión mientras lo observo pero sé que no miente y lo dice con total seriedad. -Tú lo conoces, sólo tienes que despertar esos recuerdos.

Así que una de los dos reyes que consideraba como padre es mi tío materno. Eso quiere decir que… ¿mi padre es el rey de Ignis? ¿Es posible el matrimonio entre dos miembros de la familia real de distintos elementos? Parece ser que sí, porque yo soy la prueba…

-¿Y qué es lo que quiere? –pregunto entre susurros, observando el cabecero de la cama.

-A ti. Quiere instruirte en el elemento…

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Re: Sweet fire.

Mensaje por Kirby el Sáb Jul 20, 2013 3:57 pm

 




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Re: Sweet fire.

Mensaje por crold♥ el Vie Jul 26, 2013 1:41 pm

 Mi capítulo más largo, casi me sale del tirón y todo jajaja. Disfrutenlo señoritas y hasta el próximo.
Feliz tarde de parte de Crold Wink

Capítulo 10

Abro la puerta exterior después que Gillian se quedara dormido en mi cama, dejándome más confusa que antes. Estoy completamente decidida a pasar un par de horas sola. Quiero pensar en lo que he descubierto y tratar de forzar a mi memoria a recordar pero la versión lobuna de Dave sale corriendo escaleras abajo antes de que pueda cerrar la puerta completamente. Tendré que llevarte conmigo pequeño lobo travieso.

Michael me dijo que había una pequeña zona de bosque quemada al norte de la cabaña que justamente daba en uno de sus límites por un pequeño arroyo. ¿Casualidad? No lo creo… También me dijo que era difícil encontrarla porque no es visible ante cualquier ojo. Sólo los descendientes de quiénes sufrieron lo que aconteció allí pueden observar el desastre. Eso me dice que él lo es…

Caminamos alrededor de cuarenta y cinco minutos siguiendo el rastro del pasto quemado hasta que damos con el lugar. Dave se mueve a escasos dos pasos de mí. Hay algo extraño en él, como si necesitara protegerme de algo porque a ver, ¿desde cuándo se queda quieto a mi lado sin hacer ruido en vez de echar a correr y mordisquearlo todo a su alrededor?

El sitio es hermoso, a pesar de que los árboles a la derecha del arroyo están quemados pero aún así no pierde su encanto. Aunque lo extraño es que el fuego no se propagara hasta el otro lado, digo, el sauce llorón del margen izquierdo está completamente unido al último árbol del otro margen que está medio quemado. Esto parece un límite… un límite con Origin.

Sería tan fácil cruzar el límite e investigar acerca de la expulsión de Matt. ¿Qué es lo que ha hecho? ¿Dónde está ahora? ¿Cuánto tiempo tiene hasta que tenga que cruzar?

Observo el terreno quemado pasando los dedos por los troncos negros aún humeantes. ¿Por qué la presión en mi pecho? ¿Y que se me haga conocido? Es como si ya hubiera estado aquí…

Luego está que mi… ¿Por qué los sitios dónde pisa Dave vuelve a crecer la hierba? Yo sólo era capaz de hacerlo cuando el incendio era provocado por mí y con la recuperación máxima de dos árboles. Si pregunto no va a decir absolutamente nada.

Volviendo a mi pensamiento anterior a ese misterioso incidente. Tengo una familia extraña, ya que lo menos común es que un hombre fuego aguante a una mujer hielo. Se han dado casos en los que era al contrario: hombres hielo aguantando a mujeres fuego, sólo por su calidez y explosividad, además de la búsqueda de la fácil fertilidad de éstas al tener compañeras incapaces de concebir o con serias dificultades. Aunque jamás de los jamases ocurrió entre miembros de la realeza hasta mis padres.

-¿Helena? –susurra alguien tras de mí. Trago saliva con fuerza y me giro lentamente para ver tras un árbol a un muy golpeado Matt. ¿Pero qué demon…? Había pensado en ir tras él, pero no había contado con que quizás él me encontrara a mí. Espera, espera, ¿es él u otro truco? –Sé que hay dos . Y tú eres… tú eres mi Helena, no la bastarda que me ha hecho esto –se señala la cara con un suspiro. Su ojo izquierdo está morado y completamente inflamado, de su nariz brota un hilo de sangre que se confunde con el que sale de su labio inferior. Se ve realmente mal y entonces recuerdo los golpes que yo recibí delante de él. –Tampoco te ves muy bien…

Eh… sí, golpea bastante fuerte.

-¿Cómo sé que no es mentira? Digo, que seas realmente tú. Ya me han engañado varias veces y el último encuentro que tuve con él no fue muy agradable –aclaro ante su mirada confusa. Camino de un lado para otro mirando el suelo hasta que mis ojos conectan con los de Dave. Sigo queriendo saber de qué se conocen. –Sí eres tú de verdad, dime de qué os conocéis Dave y tú.

Recibo de respuesta un gruñido de Dave pero es más como una llamada de atención para Matt que está como un tonto mirándome a los ojos. Abre la boca pero otro gruñido lo calla. ¿Acaso entiende lo que dice? –Lo salvé de un ataque ice. Fue el único superviviente.

Mi pecho se estremece con dolor. Eso responde a mi pregunta y me hace pensar en el pequeño de cinco años que trajo a mí una noche en palacio.

-Él y su familia vivían en el norte. Sólo sobrevivió él, todos lo demás muertos, dice su voz en mi cabeza después de dejar al niño con Adamae. En ese momento di gracias porque no mencionara la palabra ice, ahora la siento como parte de mí y en ese entonces, me repudiaba. Pero yo no soy como Gregory.

Minutos después, Adamae vuelve con el niño llorando en sus brazos. Me dedica una triste sonrisa mientras me pasa al pequeñín y lo mezo en mis brazos. –Sh, bebé tranquilo. Estás a salvo y ¿sabes qué? Encontraré la forma de buscar a los que te hicieron esto a ti y a tu familia pero tienes que hacerme un favor, ¿sí? Deja de llorar cielo…

-No sé hasta que punto ha llegado tu mente pero tú… Cuidaste de él como si fuera tu hijo y él cuidaba de ti como si se tratara de su madre y sigue cuidando de ti. Y yo quisiera saber si… si se dio el caso de que… si nuestro bebé nació –susurra Matt acariciando mi mejilla con delicadeza.

Evito su mirada hasta que decido si se lo cuento o no. Su otro brazo rodea mi cintura y me estrecha contra él. –Dímelo…

-El bebé… -empiezo a decir nerviosa tanto por su acercamiento como por el tema. Es difícil para mí hablar acerca de esto, de algo que apenas recuerdo todavía.

-Él nació y sigue teniendo su espíritu elemental –dice Dave sentado bajo un árbol completamente carbonizado. ¿Cómo sabes eso? –Que sea medio lobo no quiere decir que sea también medio sordo.

Los dedos de Matt sujetan mi mentón y me hacen mirarle a los ojos y bañarme en ese precioso color rojo brillante. Sonríe tiernamente mientras sus manos se mueven a mi nuca y cintura antes de unir sus hermosos labios con los míos una y otra vez, a pesar de que le duele.
Dave y yo volvemos cerca de las doce del mediodía. No puedo evitar la sonrisita de idiota que se ha despertado en mí durante el camino a la cabaña pero cuando se empieza a dibujar a lo lejos, el nerviosismo la borra de un golpe. Entro en la cocina y me sirvo un vaso de agua. Me acerco el vaso a los labios cuando el grifo explota en una gran erupción de agua cayendo al suelo. Creo que nuestros invitados ya han llegado. Esta es la llegada más extraña que he visto en mi vida y mira que la primera vez que estuve en el piso de Matt…

Esto parece una mala película sobre aliens.

-¡Gillian! –grito corriendo a través de la habitación hasta apoyarme contra la pared posterior. Observo fascinada como el agua se mueve hasta juntarse en un pequeño cuerpo. Una mano se entrelaza a la mía y observo unos dulces ojos grises.

-No dejaré que te hagan nada –susurra Dave alzando la mirada hasta mí en un fracasado intento de hacer desaparecer mis nervios. Asiento lentamente y me aprieto contra la pared hasta que Gillian y Michael llegan. Pero inesperadamente el presentimiento que tengo, no se marcha. Más bien aumenta al ver a Gillian tensarse al ver a la forma volverse aparentemente humana.

Mis ojos se abren con curiosidad al observar como el rostro de una mujer se dibuja y después se solidifica. Es como si hubiera sido esculpida, como una estatua de hielo hasta que los pequeños detalles de la apariencia humana dan acto de presencia. Lo primero que observo al detalle es como su cabello crece y desciende hasta su cintura en unos suaves rizos oscuros. Su piel se vuelve de un tono bronceado, como si hubiera estado recientemente en la playa. Después sonríe tímidamente mientras que sus ojos se quedan igual, con el iris profundamente blanco.

-Lo siento. Soy algo patosa… aún –añade con un ligero rubor cuando sus ojos caen en Gillian. Después alguien se aclara la garganta y una mano se apoya en el hombro de la chica.

Mis ojos pasan al hombre de unos cuarenta años que se coloca delante de ella protectoramente. Tiene el cabello largo y liso del color de la noche cayendo por sus hombros, combinado con una tez ligeramente bronceada y unos ojos azul cielo. Ese rostro es familiar… Yo le he visto en algún lugar antes. Pero, ¿dónde? Creo que yo estuve con él un tiempo, en el palacio de Sacra Oceanum…

-Helena… -frunzo el ceño ante la mención de mi nombre, saliendo de mi ensoñación. –Helena, te presento al rey Johan y su acompañante, la princesa Elizabeth –los ojos de Gillian brillan al pronunciar el nombre de la dama pero tan pronto como fija la mirada en el rey, vuelve a mostrarse impasible.

Los ojos blancos de la princesa brillan como el cielo estrellado. Es muy hermosa y el amor la embellece aún más pero siempre hay un pero. ¿No me dijo Gillian que no podía enamorarse hasta que su protegido esté a salvo?

-Parece ella. El mismo rostro, los ojos de ese extraño azul ceniza, la marca del hielo, la del fuego… -dice el rey despojándose de la gruesa túnica de piel. Un criado se acerca para sujetarla y volver a su sitio al lado de Dave y Michael. ¿Cómo que la marca del fuego? No recuerdo que me la hicieran. ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Dónde? Miro mi hombro izquierdo sin ninguna marca, ni arañazo. Simplemente nada… -El collar elemental… -sujeta mi collar con la forma del fuego y cuando lo alza para girarlo puedo ver una marca en el centro de mi clavícula. Unas llamas abrazando una pequeña tiara de princesa que empezaba a consumirse por los bordes inferiores. No era la marca del fuego que poseía todo Ignis, pero sí la que poseía la realeza según su título dentro de la jerarquía. –Veamos si sigue teniendo su cicatriz… -dice moviendo su dedo para indicarme que me girara, pero me quedo quieta en mi sitio. ¿Pretende que acate su orden y me desnude delante de ellos? No, no recibo órdenes de personas que ni siquiera conozco. Es entonces cuando su mirada sostiene la mía en un fuerte pulso. -Gírate –escupe Johan con los dientes apretados.

No me importaría quedarme en ropa interior, total, es como estar en la piscina con un bikini. La diferencia está en el ambiente y las miradas detenidas que recibo por parte de unos extraños para mí, sin contar que un niño esté presente. Es como si quisiera comprarme, como si fuera una mercancía. Además…

No. Recibo. Órdenes. De. Extraños.


-Haz lo que te dice y acabemos con esto cuanto antes –gruñe Gillian entre dientes. Nos observamos el uno al otro por un minuto que parece una eternidad.

Hazlo y acabemos con esta mierda. No va a hacerte daño…

-Esto es patético… -susurra Michael.

Pongo los ojos en blanco y me giro dándoles la espalda, observando únicamente a Gillian y su rostro enfadado con sus ojos amarillentos y de vuelta a mis manos entrelazadas. La camisa de palabra de honor que llevo resbala por mi cintura. Siento las manos de alguien tirando de la tela y luego unos dedos acariciando mi espalda con suavidad.

-La cicatriz de Schedon y la de Maddox –dice una nueva voz. Algo raspa mi piel. Es como si me frotara contra una roca con varios picos. –Aún faltan varias…

Eh, no. Eso está fuera de mis límites, no pienso enseñarte las dos que quedan. Están en lugares un poco privados y no voy a… Ew no. Mi culo y mi… no va a verlo cualquiera.
Gillian…

-Suficiente. Ya tienes las pruebas de que es ella –gruñe Gillian sujetándome por las muñecas. Tira de mí hacia su cuerpo y me cubre con sus brazos protectoramente mientras fulmina a alguien con la mirada.

-Hm, no. Voy a verlas todas para asegurarme de que es mi sobrina o no… -dice tranquilamente Johan. Me sujeto con fuerza a Gillian y éste aprieta su agarre.

Trago saliva con fuerza y ladeo la cabeza para observar a la realeza de Sacra Oceanum.

-Papi, no seas así de desconfiado. La estás asustando –dice con una dulce voz la princesa. Sonríe y se acerca a nosotros hasta quedar a un par de pasos. Siento como Gillian se tensa mientras Elizabeth tiende su mano. Levanto dubitativa la mirada hasta el dragón humanizado y asiente con la cabeza. Respiro hondo con disimulo y me separo de él para agarrar la mano que me ofrecen.

-¡Es que no lo ves! ¡No es ella! ¡Si lo fuera nos reconocería! –grita Johan desesperado.

-¡Hasta hace poco no me reconocía ni a mí! –replica Gillian definitivamente cansado de la estúpida desconfianza de mi tío pero Elizabeth y yo estamos en nuestra propia burbuja, tratando de reconocernos la una a la otra.

No hay nada que me diga que tengamos una relación de parentesco. Somos la noche y el día… y hasta el día en que mis recuerdos vuelvan a mí, viviré en un día nublado.

-Helena, ven conmigo. Esos dos van a tirarse un rato gritándose el uno al otro –dice con voz angelical Elizabeth. Asiento lentamente con la cabeza mientras ella sujeta mi mano y la coloca en su brazo flexionado.

Mi cuerpo se tensa, incómodo, mientras observo a Dave, Michael y el criado agua a un lado de la habitación, mirando absortos como Gillian y Johan se fulminan con la mirada y vuelven a gritarse.

Un tablón del suelo cruje bajo nosotras y Michael cambia su atención de repente. -¿A dónde vais?

-Fuera. Tenemos que hablar varias cosas –susurra Elizabeth con picardía. Trago saliva con fuerza aún más incómoda y además, nerviosa. Genial. Esto no podía ponerse peor… Aunque me quedaba una esperanza de aligerar la situación y ese era él.

Por favor, di que te vienes.

-Vale. Tened cuidado. Nosotros nos quedamos. Por si se pelean, no por ver el espectáculo… -añade rápidamente Michael con una sonrisa nerviosa.  Sí, claro. ¿A quién quieres engañar? Si sólo os faltan las palomitas para parecer que estáis viendo una película.

Lentamente y con disimulo, logro que la princesa, que me había soltado al cruzar la puerta, se mantenga a cierta distancia de mí pero a los pocos segundos me siento culpable al ver como su sonrisa se borra.

-Lo siento, yo…

-No. Tranquila. Lo entiendo… pero es que te hemos estado esperando durante mucho tiempo. Teníamos la esperanza de que ya hubieras recobrado la memoria por completo –susurra mirándose los pies. –Necesito a mi prima Helena, a mi mejor amiga, porque no sé a quien más acudir –susurra con voz ronca a punto de romper en llanto.

Se sienta a mi lado, pero manteniendo las distancias. Escucho los latidos de mi loco corazón palpitar en mi cabeza de una forma molesta.  Todo entre nosotras es silencio mientras que en el bosque, un lobo aúlla y las ramas de los árboles se agitan.

-Yo…

-Hola preciosa. ¿Me has echado de menos? –le interrumpe un hombre delante de mí. Sus ojos están posados en mí mientras sonríe arrogante y divertido. Su cabello pelirrojo está rapado menos en la parte superior, que está cortado a tijera y su piel es del tono más blanco que he visto junto a esos ojos verdes grisáceos.

-Perdona. ¿Te conozco de algo? –pregunto enarcando una ceja. A mi lado, Elizabeth se tensa antes de que Michael aparezca en escena y se coloque detrás de mí, abrazándome por la cintura. ¿Es cosa mía o está actuando como si me reclamara?

-Sí. Yo fui tu pretendiente…

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