Let the light coming.

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Let the light coming.

Mensaje por Gaz el Vie Mayo 03, 2013 3:23 pm


Itsasne Bengoetxea es la única persona que rechazaría una beca para estudiar en Seattle, la más maravillosa de las ciudades estadounidenses. Perseguida por sus temores, su vida da un giro de 360 grados cuando debe elegir si quiere ser la chica agresiva y temeraria de los últimos cuatro años o quedarse a cuidar de esa hermana de seis años que lo es todo para ella.
Joakin Urrutia es todo lo que unos padres pueden desear: guapo, inteligente y educado. ¿Por qué un joven con todo un futuro por delante huiría de todo cuanto ha conocido? Sin conocimiento de lo que le espera, acaba con un billete de avión a una ciudad lluviosa.No es casualidad que dos chicos que vienen del mismo lugar remoto acaben juntándose en ese sitio que recuerda a casa. Reservados y orgullosos, deberán aprender que a algunos monstruos sólo se les ahuyenta con otros más fuertes aún.

Prólogo.


-Tranquila enana, enseguida pasará-dice mi hermano Ander, sonriendo al ver cómo miro asustada por la ventana-.Es sólo una tormenta Itsas, no es que vayamos a ahogarnos ni nada
-Oh, parece que se va a inundar todo-digo yo al ver las gotas golpear furiosamente el cristal de la ventana.-Me gusta que llueva, pero todos esos ruidos y golpes dan miedo.
-Oh vamos, no me seas cobarde. Tienes casi siete años ya, deberías saber que no pasa nada. Míralo como si fueran los pedos de la gente que vive allí arriba. No eres la única pedorra aquí, ¿sabes?-dice mi hermano mientras me tira sobre el sofá y empieza a hacerme cosquillas.
-Ay no Ander, para ! –Sabe que odio las cosquillas. Casi tanto como ir al colegio. Ander sigue haciéndome cosquillas, y por mucho que quiero estar enfadada con él, no puedo. Me río descontroladamente y me retuerzo debajo de él hasta que estamos los dos tirados en el suelo, sin aliento.
-Venga, es hora de ir a la cama pedorra.- Ander y sus formas de hacer que le odie.
-Pero…¿Y mamá y papá?¿Habrán terminado ya de discutir?
-Me da igual si han acabado o no, tienes que ir a la cama Itsasne. Ahora. Sin rechistar.
-A la orden mi mandón-. Odia cuando le llamo mandón, y lo sé. Es sólo que no quiero ir a la cama, no con la tormenta haciendo temblar la casa y con mamá y papá discutiendo en el salón.
Ander me mira mal.-Vas a conseguir que una día te tire por la ventana, hermanita.
Resoplo.-Como si pudieras vivir sin mí.
Él se ríe. Me encanta cómo suena su risa, como hace que se le alegren los ojos y se le sacuda el pecho. – Posiblemente no podría, pequeña. De ninguna de las maneras. Y ahora a dormir.-Antes de que me dé cuenta me tiene sobre su hombre y está trotando hacia mi habitación. Pasamos por el salón y mis padres dejan de gritar al vernos.
-Itsas se va a la cama, ¿no es así pedorra?-Mi hermano y su siempre molesto apodo. A veces lo mataría. Bueno, no tanto. Sólo lo golpearía hasta que se cayera de la ventana. Y le atacaría con cosquillas. Sí, definitivamente ya tenía un plan para la próxima.
-Di buenas noches a tu padre, Itsasne-dice mi madre.
Me acerco y le doy un pequeño beso en la áspera mejilla. –Guau papá, pinchas.
Él se ríe y me coge en brazos, llevándome a mi habitación –Me afeitaré esta noche, ¿de acuerdo princesa?-Me hace cosquillas.
Realmente odio las cosquillas.-Vale, buenas noches papi.
Se inclina y me deja en la cama, dándome un beso en la cabeza.- Buenas noches, Itsasne.
Cierra la puerta tras él, y yo me duermo con el sonido de mi nombre en sus labios.

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Re: Let the light coming.

Mensaje por AuRose el Vie Mayo 03, 2013 6:32 pm

ranguitooos.... se ve interesante, espero que la sigas!!! (:

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Re: Let the light coming.

Mensaje por Kirby el Vie Mayo 03, 2013 8:33 pm

Dale Gaz siguela!




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Re: Let the light coming.

Mensaje por Gaz el Vie Mayo 03, 2013 9:17 pm

Capítulo 1


Me despierto empapada en sudor frío. Me he caído de la cama, y las sábanas son un revoltijo a mis pies. La lluvia golpea el cristal y los truenos hacen retumbar mi pequeño apartamento, que está solo y desprotegido ante la furia de la tormenta.
Ver la lluvia me recuerda mi sueño. Hacía meses que no soñaba con él. Supongo que la cercanía del aniversario de su muerte lo empeora todo, como este nudo en mi pecho y los temblores de las piernas. A la mierda Itsasne, eres mejor que eso.
Me levanto y me dirijo a la cocina. Mis pies descalzos notan el frío de las baldosas con cada paso que doy y me tropiezo con alguna prenda de ropa que he dejado por ahí tirada. Soy lo más desordenado del mundo desde pequeña. Mi hermano siempre decía que la jaula de un mono enojado está más ordenada que mi habitación. No. No pienses en él. No pienses en el sueño. Aparto los pensamientos que me han despertado de mi mente y me sirvo un vaso de leche. No agua. El agua no sabe a nada, no me gusta. Soy así de rara.
Me quedo mirando el reloj de cuco que cuelga de la pared y me pierdo en las profundidades de mi mente. Retazos de mi sueño se cuelan en mí.
Tenéis que dejar de discutir. No vais a conseguir nada más que mantenerla despierta, y ella ya está lo suficientemente cansada. La voz de mi hermano se siente tan familiar, incluso aunque me la imagine. Si tu madre no fuera tan zorra, podríamos tener una conversación normal. Pero no es capaz de mantener la boca cerrada, en ninguno de los sentidos. Recuerdo levantarme con mi osito de peluche rosa bajo el brazo y preguntar qué pasaba. Nada princesa, vete a la cama. La sonrisa de mi padre era tan falsa como el color de su pelo. Mi hermano me cogió en brazos les lanzó una mirada a mis padres. Vamos a la cama enana, te leeré un cuento.
El reloj marca las cuatro y me devuelve a la realidad. Tengo que ir a clase mañana, y necesito dormir. Ahora. Dejo el vaso en la fregadera y vuelvo a mi habitación. Me meto bajo las sábanas y me apoyo en la cola de mi gato Chisbert. Sale de la cama y camina erguido fuera de la habitación, como si fuera culpa mía que sea lo suficientemente estúpido como para meterse en mi cama. Cierro los ojos y dejo que la bruma del sueño me atrape de nuevo.
•••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••
La alarma suena demasiado pronto. Extiendo un brazo para apagarla y me encuentro con una cabeza peluda. Pego un grito.
-Demonios, Andrea ! Me has dado un susto de muerte.
Mi mejor amiga sonríe ante mi cara de sorpresa, enojo y sueño.
-Levanta nena, llegas tarde.- Me guiña un ojo y empieza a sacar ropa de mi armario.-De verdad, necesitas hacer un cambio de vestuario urgente. No hay quien se ponga tu ropa.
Me incorporo y me froto los ojos.-Yo me la pongo.
No soporto que se metan con mi ropa. No hace falta llevar faldas, escotes y pantalones ajustados sólo por ser chica. Yo personalmente estoy mucho más cómoda en vaqueros y sudadera. Tengo tropecientas mil sudaderas, de todos los colores, aunque sólo uso las oscuras. Andrea es una firme partidaria de llevar arcoíris y absurdos animales en la ropa, o ambas cosas a la vez. Bueno, tal vez no sea tan exagerado. Pero lleva demasiados colores para mi gusto, y siempre discutimos por ello.
-Bueno, que te la pongas no significa que te favorezca.
La ignoro y me pongo unos vaqueros, mi sudadera gris favorita y unas zapatillas. Recojo mi pelo en una coleta y me lavo la cara. Desde luego, soy rápida. Ni siquiera me miro al espejo, voy a la cocina y me pongo un café. Andrea ya está allí, bebiendo un café de la taza rosa que tengo guardada para ella.
-Caray Itsas, luces horrible
-Sabes, a veces necesito que me recuerdes porqué aún no te he matado.
Andrea ríe.-Porque te llevo a clase todas las mañanas
-Eso no es precisamente un punto a favor.-Me acabo el café y dejo la taza llena de agua en el fregadero.
Andrea ríe de nuevo, con su risa cantarina.-Cierto, pero sin mí estarías aburrida y sola todos los viernes. Te entretengo.
-Como sea. ¿Vamos?
-Vamos.
Salimos de mi cochambroso apartamento y caminamos hasta su coche rosa. Me subo yo por el lado del copiloto y ella por el del conductor. El coche arranca sin apenas hacer ruido, y hablamos sobre su nuevo novio de camino al campus. Apenas nos ha dado tiempo a aparcar cuando gritan el nombre de Andrea.
-Andrew !
Paola aparece detrás de un coche azul. Es la chica más increíble que pueda haber: cabello rubio hasta la cintura, ojos azules, cuerpo de gimnasta. Con esa sonrisa que siempre luce y su vestuario a lo estrella de Hollywood, se entiende fácilmente que tenga a todos los chicos detrás. Como Andrea. Ellas son como el agua y el aceite, pero igualmente hermosas. Andrea tiene el pelo de un rubio más oscuro y los ojos color ámbar, unas piernas kilométricas y un maquillaje que no se nota que lleva. Parecen salidas de una película. Y luego estoy yo. No soy baja, pero al lado de mis dos maravillosas amigas parezco una enana con mi metro setenta y dos de altura. Tengo el pelo oscuro, tanto que parezco teñida, y combinado con mi falta de gusto al vestir, parezco más un gnomo que una chica de diecinueve años. Lo único en lo que destaco son los ojos: dos grandes ojos verdes que surgen en medio de mi cara. Son bonitos, y me siento orgullosa de no tener que maquillarlos para que resalten. Aunque si no lo hicieran, tampoco los maquillaría. Mucho trabajo.
-Hola P, veníamos hablando de ir de compras esta tarde, a conseguirle algo de ropa decente a nuestra amiga gótica.-Andrea y su obsesión con las compras. Empieza a ser preocupante.
-No mientas, veníamos hablando de tu nuevo novio. Al que por cierto, estoy deseando conocer. Creo que aún no sabe dónde se ha metido. Sería bueno avisarle.
Paola ríe, divertida ante nuestras constantes disputas.-Bueno, yo me voy de compras con Andrea. Necesito terapia. Y deberías venir. Vas a marcharte en menos de una semana, y tienes que pasar tiempo con nosotras. Hay una fiesta esta noche, deberías venir. –Y me pone su carita de cachorro. La misma cara con la cual me convenció para poner una rana en la sopa de los de último años hace dos, y la misma por la cual me pasé tres meses copiando “las ranas no se comen crudas” en mi cuaderno de matemáticas. La misma a la que no puedo resistirme.
-Lo siento P, pero ahora mismo lo que menos me apetece es meterme en una casa con un montón de gente sudorosa y borracha. Creo que preferiría cambiar la arena de la caja Chisbert. Empieza a oler.
Ellas dos ríen, empujándome dentro del gran edificio en el que tenemos clases.-Aún así, vas a ir.
-Tengo entrenamiento.
-Después de entrenar.
-Estaré sudada.
-Te duchas.
-Estaré cansada.
-Existe el Red Bull.
-No tengo qué ponerme.-Sé que es mi mejor baza, pero hoy Paola está decidida a sacarme de casa.
-Te dejaremos nosotras. O mejor, nos vamos de compras !
Sé que he perdido la discusión, pero aún así lo digo.-No me apetece ir.
-Pues te aguantas y nos demuestras tu amor por nosotras yendo a esta fiesta. Nos lo debes. Te sujetamos el pelo y te hicimos manzanillas la última vez.
-Si me enfermé fue culpa vuestra por no dejar que me secara el pelo en pleno invierno ! Me arrastrasteis a la calle !
-Pues hoy recuerda secarte el pelo y punto. Nos vemos, nenas.-Andrea sale corriendo para llegar a tiempo a su clase mientras Paola y yo nos metemos en el laboratorio de física avanzada. Es mi clase favorita, y el profesor es el mejor. Paola y yo nos sentamos dos segundos antes de que entre.
La mañana se me pasa volando. Para cuando me quiero dar cuenta, es hora de ir a comer y Andrea y Paola están sobreexcitadas por la fiesta de esta noche, y me río con su charla sobre ropa. Son incorregibles, pero las quiero así.
-Nos vemos esta tarde chicas.-Salgo corriendo a hablar con el pelirrojo que he visto entrando en su coche. Antes de darle tiempo a arrancar abro la puerta y entro por el lado del copiloto. Unos ojos marrones llenos de diversión me miran.-Hola Itsas, quieres entrar en mi coche ?
No puedo evitarlo, me río ante su expresión.-Hola Jon, encantada.
Jon sonríe, y arranca el coche. Jon es la clase de persona que te saca una sonrisa con sólo respirar. Es guapo, popular, y gay. No sé qué haría sin él.-Bueno, y que te ha traído aquí hoy ?
-Paola y Andrea me obligan a ir a la fiesta esta noche.
-Te obligan ? A ti ? Eso sí que no me lo creo.
-Me han hecho chantaje con eso de que me voy. Nadie diría que fueron ellas las que me obligaron.-Ruedo los ojos. Había recibido una beca para estudiar en Seattle a principios de curso, y la había rechazado. Cuando se lo comenté a mis amigas, me obligaron a llamar para decir que lo había reconsiderado bajo la amenaza de tirarme por la ventana si no aceptaba.
-Pobre Itsas. Anímate, no será tan terrible. Yo estaré allí.-dice Jon aparcando el coche.
-No sé qué haría sin ti.-Le doy un beso en la mejilla y me bajo del coche.-Esta noche te veo, entonces.
-Pásalo bien !-me grita mientras el coche sale disparado.
Estoy en casa de mis padres. Subo las escaleras y me recibe el olor a cigarrillos rancios, comida pasada y queso. Arrugo la nariz mientras grito llamando a mi hermana. Aparece corriendo por el pasillo y se lanza a mis brazos. -Itsas ! Hoy en clase hemos aprendido que de cada diez que beben, cuatro son personas.
No puedo evitarlo, me río. Nadie me hace reír como ella. –Espero que todos sean personas Nadia, porque si no tenemos un problema.
Ella frunce el ceño.-Creo que era que de cada diez hombre que beben, tres son mujeres.
Suelto una carcajada y estoy a punto de explicarle que eso no puede ser cuando mi madre aparece en pijama por el pasillo. Le lanzo una mirada de repugnancia.-Estaría bien si te ducharas alguna vez.-Saco un billete de cien y se lo doy.-Esto es para los gastos, pero nada de comprar cosas para ti. ¿Entendido?
Ella asiente con la cabeza, cogiendo el billete. Resoplo y me giro hacia mi hermana. -Bueno princesa, tengo que irme, tengo entrenamiento. Pasaré el domingo a buscarte y nos vamos de paseo, ¿vale? Así me despido de ti antes de marcharme.
Nadia me da un abrazo.- Vale, te quiero vieja.
Sonrío ante su apodo.-Yo también te quiero pequeña. –Le revuelvo el pelo y salgo por la puerta, lanzándole una última mirada de disgusto a mi madre.
Camino un par de manzanas hasta mi apartamento a coger mi bolsa de deporte. Le doy de comer al gato y me marcho con el balón bajo el brazo. El recuerdo de lo que me espera después de entrenar hace que se me ponga la piel de gallina. Se lo he prometido a las chicas, así que ya no me puedo echar atrás. Sacudo la cabeza. Jugar a baloncesto siempre me distrae. Camino hacia el estadio. Rápido. Me cambio y justo antes de salir a jugar vuelvo a recordar la fiesta. Bien, habrá que ir e intentar pasarlo bien. E intentar no pegarle un puñetazo a nadie de la fiesta.
Sí, va a ser una larga noche.

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Re: Let the light coming.

Mensaje por AuRose el Sáb Mayo 04, 2013 6:24 am

ranguitooooos... el capi ha estado genial (:

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Re: Let the light coming.

Mensaje por Gaz el Jue Mayo 09, 2013 9:06 pm

Capítulo 2

-¡Mierda!
Miro mi zapato. La mierda de un perro se ha quedado pegada a la suela.
-¿Veis? Os dije que no tenía que venir. Esto es una señal.
-Cierra el pico. Tú vas a venir a esta fiesta como que me llamo Paola.
¿He dicho ya que a veces odio a esta chica? Me siento un poco mejor por pensar que el zapato que he arruinado es suyo. Aunque después de presentarse en mi casa arruinando mi plan de encerrarme en el baño y no salir hasta mañana, más les valía hacerme sentir bien. Creo que se olían que intentaría escaquearme, así que me asaltaron en cuanto llegué a casa. Incluso habían secuestrado mi ordenador; así que tuve que dejar que me ducharan (sí, creo que pensaban que intentaría ahogarme para no ir o algo), peinara, vistieran y maquillaran. Creo que les di pena porque me dejaron elegir la ropa, hasta que les dije que me iba a poner una sudadera. Entonces Andrea sacó de ese portal mágico que es su bolso una camisa, vaqueros y unos zapatos. Algo que según ella, era “totalmente inapropiado para una fiesta así, pero en ti lucirá como si fueras vestida de oro” He decidido no ofenderme, sobre todo porque mientras tenga secuestrado mi ordenador, no podré quejarme, y cuando me lo devuelvan estaré demasiado ocupada despellejándome los vaqueros.
Y esta es la razón de que ahora esté en la puerta de una casa llena de adolescentes hormonados con ganas de pegar un puñetazo a alguien. Pero no podré hacerlo porque en la lista de normas que me han dado los chicos, está incluido no montar ninguna pelea. Una lista de normas que evidentemente me hacía falta, porque está claro que no puedo sentarme en un sofá y dormir durante toda la fiesta. Eso es algo evidente para las chicas, pero algo que yo tenía pensado hacer.
-Hombre chicas, pero si habéis sacado a la rarita de casa-. Un chico alto se acerca a nosotras, repasándome con la mirada. Sentí mi puño cerrarse inconscientemente. Como si fuera una señal, Jon apareció por detrás del chico y vino a darme un abrazo.
-Procura no matar a ningún invitado de la fiesta y esta noche ya habrá sido todo un éxito-. Me susurra al oído. Dejé escapar una risa mientras se separa y me guiña un ojo. Definitivamente, amo a este chico.
En algún momento mientras Jon me calmaba, Andrea y Paola han conseguido ahuyentar al otro tipo. Lo que por mi parte está bien, no me voy a quejar.
Jon decide mantener su brazo sobre mis hombros, supongo que para evitar que salga corriendo a esconderme debajo de una mesa. Lo que por mi parte está bien, no me voy a quejar.
Paola y Andrea no me presentan a nadie ni me obligan a intentar ligar, lo que por mi parte está bien, no me voy a quejar.
Creo que llevamos como una hora y media en la fiesta y sigo pegada al lado de Jon. Me siento un poco culpable porque un chico bastante mono se le acercó antes y lo rechazó para no dejarme sola. Como Andrea ha ido a buscar al pobre desgraciado que es su novio ahora y Paola está enrollándose con algún jugador de fútbol, Jon es el último refugio que me queda. No me parece justo que sea él el que me tenga que soportar cuando son ellas las que me han arrastrado hasta aquí, pero prefiero estar con mi amigo gay que con los idiotas que me puedan presentar mis amigas. Definitivamente.
Una hora y varios vasos de kalimotxo después, Jon decide que está harto de hacerme de niñera y me deja sola con la excusa de irse al baño. Así que me levanto del sofá donde he estado sentada y voy a buscar a Paola y Andrea.
Después de ignorar las insinuaciones sexuales de dos tipos, de pisar a otros tres y de volcar un vaso, encuentro a Andrea sentada en el sofá con un tipo rubio. Pff. Me acerco por detrás y le toco el hombro, mientras ella y el tipo rubio se giran.
-Itsaaaaasne caiño, qué bien que no encuentra-. Tiene problemas para pronunciar las palabras, y maldigo silenciosamente al tipo que inventó el alcohol.
-Sí, bueno, solo venía a decirte que me marcho.
-¿Ya?-. Se levanta despacio, viéndose un tanto inestable sobre sus zapatos de tres metros de altura.- No puedes. Nos has prometido a Paaaaaaola y mí que te quedarías a pasarlo bien. Y te tengo que presentar a Pablo…Hip!-. ¿En serio me está pasando esto a mí? El rubio cachas se levanta y me estira la mano. Tiene unos ojos azules muy bonitos, y mira a Andrea como si la hubiera visto un montón de veces en este estado.
- Hola, soy Pablo-. Me estrecha la mano.
-Itasane-. No le miro. Tengo la mirada fija en Paola, que parece que va a vomitar. Pablo sigue mi mirada y pone una expresión de disgusto.
-Creo que la llevaré a casa. Nos vemos, Itsas.
No sé si me gusta o me disgusta que me acorte el nombre. Eso es algo que sólo hacen mi hermana y mis amigos, que tampoco es que sean muchos. Aunque supongo que Ndrea se habrá referido a mí como Itsas, así que tampoco se lo voy a echar en cara. La verdad es que para ser una de las conquistas de Andrew, no está tan mal. Cualquiera de los otros se habría aprovechado de que estaba borracha. Él por lo menos se ofreció a llevarla a casa.
Sigo caminando por la casa hasta que veo a Paola sentada en el regazo de un jugador de fútbol, tal y como predije. Me doy la vuelta y salgo corriendo de la casa. En la puerta hay varios tíos, que empiezan a decirme que me acerque a ellos. Pongo cara de asco y procuro comportarme. En la esquina veo a Jon hablando con un tipo, así que me acerco a él.
-Jon, yo me voy.
-¿Ya? Pero si apenas llevas nada.
-No conozco a nadie aquí, a los que conozco está enrollándose con un jugador de fútbol, demasiado borrachos como para darse cuenta de que estoy aquí o ligando con algún tipo en una esquina. Sin ánimo de ofender-.digo mirando al tipo con el que Jon está hablando. Genial. Es el idiota que nos recibió al llegar a la fiesta.
Creo que pongo mala cara otra vez, así que simplemente me doy la vuelta y voy andando a casa. No me importa que sea tarde, sólo quiero meterme en la cama y contar los días que faltan para marcharme de aquí al fin.

Definitivamente puedo tachar este día como uno de los peores de mi vida.
Para empezar, después de llegar a casa a las tres de la mañana, medio borracha, con un dolor de pies insoportable y necesitando descargar mi agresividad con alguien que resultó ser mi pobre gato tuve que empezar por quitarme la tortura que me habían puesto Paola y Andrew en la cabeza. En serio, ¿cuántos millones de orquillas tienen estas mujeres?
Cuando conseguí despellejarme los vaqueros, barrer todo el maquillaje de mi cara y echar al gato de mi cama, para lo que necesité una buena cantidad de energía y tras lo cual me dí cuenta de que necesitaba ampliar mi conocimiento de palabrotas, eran las cuatro de la mañana.
Y así es cómo acabé, con cara de zombie esperando al autobús para ir a casa de mi madre, porque mi gran amigo gay había olvidado que tenía que pasar a recogerme. Aunque no sé si me fiaría de él después de cómo tengo la sensación que acabó anoche.
Ahora estoy en el portal y me dan mareos sólo de pensar en los tres pisos que tengo que subir para recoger a mi hermana. El sábado es nuestro día especial. Paso a recogerla a eso de las nueve, y como mi madre suele seguir en la cama, las levanto, le visto y nos vamos a desayunar. ¿Adónde? Donde ella quiera. Luego vamos adonde sea que ella quiera, que puede ser desde el parque de la esquina hasta la piscina que está en mitad de la nada. Pero con mi fiesta de anoche, tengo la esperanza de que lo que le apetezca es irse a casa a ver una película.
Hoy es algo más tarde de lo normal, así que cuando entro en casa me encuentro a mi hermanita sentada en el sofá con su mono de peluche entre sus diminutos bracitos mirando la tele y mi madre vestida en la cocina. Mi madre. Vestida. En la cocina. Mi. Madre. Vestida. En. La. Cocina. Creo que estoy en shock. O alucinando. Hmm…tal vez lo de anoche tenía droga. Y quizás alguna seta alucinógena. O me han hipnotizado.
―¿Hola? ―. Vaya, me ha salido más como una pregunta.
―¡Itsas! Hoy mamá sea levantado pronto y me ha despertado y me ha dicho que igual viene con nosotras y que le apetecen una tortitas, aunque yo hoy pensaba ir a por un batido pero podemos ir adonde ella quiera, ¿verdad? Y después a jugar con la pelota al parque y esta tarde podemos ir a la peluquería las tres juntas como prometiste y…
―Para el carro. Mamá no va a venir.
―¡Itsaaaas!¿Por qué no?
―Porque, princesita, hoy es nuestro día, tuyo y mío. El lunes me voy, ¿recuerdas? Tenemos que despedirnos.
―Pero mamá también quiere despedirse…
Le lanzo una mirada a mi madre. Está en la puerta de la cocina mirándome. Lleva unos vaqueros y una camisa. Creo que podría hacer seis meses que no sale a la calle. Me he acostumbrado a verla en pijama, por lo que se me hace raro verle así. ¿De verdad piensa que voy a dejarle venir con nosotras? Me ha ignorado durante los últimos tres años. No voy a fingir que le echaré de menos, y no tiene derecho a pretender que quiere venir y arruinarme mi último día con mi hermana.
La miro, y espero que pueda ver en mis ojos lo mucho que la odio en este momento―. No vas a venir. Ni si quiera lo intentes.
―Pero Itsas…―empieza Nadie. La miro y se calla. No va a convencerme de esto nadie, ni siquiera ella.
―La traeré a las nueve. ―Cojo a mi hermana en brazos y salgo por la puerta. No debo dejar que mi madre me arruine este último día feliz.
―Oye, Itsas.
―¿Si?
Estamos sentadas en el sofá de mi casa comiendo una pizza que creo que es de jamón queso y piña. Bueno, ella está tumbada en él y yo hago equilibrios para no caerme porque apenas me deja sitio.
―¿Por qué no tienes novio?
Estoy tan concentrada en descubrir si lo que está en mi trozo de pizza es piña o una pelusa que estoy encogiéndome de hombros hasta que me doy cuenta de lo que me ha preguntado. Levanto los ojos y la miro. Se ve como siempre, pero tal vez me la hayan abducido los extraterrestres. Hmm.
―¿Y se puede saber quién te ha hablado a ti de novios?
―Mamá―. Espera, ¿qué?―. Dice que ahora que te vas tal vez te eches novio, que siempre estás con ese chico gay. Yo ya le dije que se llama Jon. Y también dice que si no te das prisa vas a acabar siendo una vieja con gatos. Yo no sé a qué se refería, pero tú no eres una vieja y sólo tienes un gato. Aunque sí que estás un poco sola.
Estoy alucinando. ¿Mi hermana de siete años acaba de llamarme amargada y vieja?¿En qué coño estaba pensando mi madre? Bueno, claro, ella no estaba pensando, obviamente.
―Oye, Itsas… ¿Qué es un novio?
Me echo a reír tan fuerte que me duele la tripa. Tengo la mejor hermana del mundo.
―Un novio es cuando un chico decide que le gusta una chica y se vuelve pesado hasta que ella le dice si le gusta o no. Un incordio, eso son.
―Itsas…eso suena más como un gato.
Me vuelvo a reír. Y río, río y río hasta que s eme saltan las lágrimas, y aunque Nadia no sabe por qué, se ríe también, y estamos tanto tiempo riéndonos que hasta que no veo que son casi las nueve no paro.
Todavía sonriendo la cojo en brazos y le pongo la chaqueta. Gracias a que mi madre vive cerca, porque ha salido con una chaqueta vaquera y se me iba a morir de frío. Mierda. ¿Encima está lloviendo? A mí me da un ataque. Bueno, es Gasteiz, aquí llueve 370 días al año.
Echo a correr con mi hermana en brazos, aunque para cuando llegamos al portal donde vive mi madre ya estamos empapadas. Ella se ríe de mí porque el pelo que se me ha olvidado recogerme se me ha pegado a la cara. Subo las escaleras de dos en dos y casi me caigo al suelo cuando me encuentro con Danel, un chico rubio de mi edad que vive un piso más arriba bajando a la vez que yo. Después de nuestra casi-caída me sonríe y sigue bajando. Es mono, pero nunca he hablado con él. Aunque claro, la primera vez que Andrea le vio fue a por él y no necesitó ni tres días para acostarse con él. Creo que Danel me culpa de que ella le rompiera el corazón.
Entro en casa de mi madre, que está durmiendo en el sofá. Sigue vestida. Resoplo y llevo a Nadia a su habitación, donde le cambio de ropa y preparo su cama mientras se lava los dientes.
―Itsas, cuando estés fuera…¿te acordarás de mí?
No me puedo creer que me pregunte esto. Como si no supiera que lo peor de marcharme es dejarla aquí, sola con mi madre.
―Nadia printzesa, no podría olvidarme de ti. Eres mi hermanita pequeña, y siempre lo serás. Además, voy a llamarte todos los días, y me vas a contar qué has hecho en el cole, y si alguien te molesta tú sólo avisa a Jon y él se encarga.
―Ya, eso dices ahora…pero, ¿y si conoces a alguna niña que te guste más que yo?
Por un momento, dudo. Dudo sobre marcharme, sobre dejarla aquí. Porque esta niña diminuta que tengo delante es lo máximo que me queda, esta niña que cree que por marcharme me voy a olvidar de ella. Esta niña que ahora me está mirando como si fuera un Dios, y no tengo ningún derecho a dejarla aquí. Pero…no puedo quedarme aquí para siempre, tengo la increíble oportunidad de irme a estudiar, y podré seguir en contacto, Jon la cuidará, de eso estoy segura.
―Vamos a hacer un trato. Te prometo que yo no conoceré a ninguna niña si tú me prometes lavarte los dientes todos los días. ¿Trato?
Ella se lo piensa un momento, y luego asiente―. Trato.
La ayudo a meterse en la cama, con sus sábanas de Bob Esponja, mientras le doy un suave besito en la frente. La miro a los ojos e intento transmitirlo lo mucho que la quiero, lo que duele dejarle aquí.
―Buenas noches enana. Te voy a echar mucho, muchísimo de menos.
―Yo también. Itsas, por favor no te olvides de mí y llámame todos los días.
―Lo haré, no te preocupes.
―Cuidaré de mamá. Me encargaré de que no se pierda como las otras veces.
Se me encoge el corazón. Oír a mi hermana pequeña hablar de que cuidará a nuestra madre me parte el corazón.
―Sé que lo harás. Cuida un poco de ti también, ¿vale?
―Vale. Y tráeme algo bonito.
Le lanzo una sonrisa―. Todo lo que tú quieras.
Ella sonríe y se mete en la cama. Veo cómo cierra sus ojitos, la arropo y apago la luz, aunque dejando la puerta abierta. Todavía tiene miedo a la oscuridad, aunque lo niegue.
Paso por delante de mi madre, que sigue dormida en el sofá, antes de ir a la puerta. Dejo cincuenta euros en la mesa del salón y me marcho, sabiendo que no volveré aquí en mucho, mucho tiempo.

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Re: Let the light coming.

Mensaje por simkee el Lun Jun 03, 2013 7:11 am

me encanta

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Re: Let the light coming.

Mensaje por AuRose el Lun Jun 03, 2013 10:06 pm

Espero que subas capi pronto!!

AuRose
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Re: Let the light coming.

Mensaje por emmadiangelo el Mar Sep 24, 2013 9:59 pm

Yo tambien quiero capi  

emmadiangelo
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Re: Let the light coming.

Mensaje por ArgosFuentes el Sáb Nov 09, 2013 6:53 pm

capi??

ArgosFuentes
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Re: Let the light coming.

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