Relatos [Lariebel]

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Relatos [Lariebel]

Mensaje por Lariebel el Vie Mayo 03, 2013 8:22 pm

Abro un tema de mis relatos, porque abriendo ya temas de por sí en la sección sería algo del que no me enorgullecería, ya que son solo relatos x3.

Dejaré estos relatos.
Espero que les gusten ^-^.

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Escapada

Mensaje por Lariebel el Vie Mayo 03, 2013 8:23 pm

Título: Escapada
Género: Fantasía.
Relato corto.

Espero que disfruten la corta lectura x'D.


Escapada

La niña se encontraba sentada sobre una silla, frente al televisor. Tenía el pelo recogido a un lado de su cabeza, negro como la noche que se estaba cerniendo en el cielo. Vestía su pijama preferido, que constaba de un pantalón cortito de color negro, y una camiseta de manga corta, con rayas negras y blancas. Sus ojos no captaban lo que sucedía dentro de la pantalla, al contrario, ella estaba ausente. De pronto, como si la hubieran mojado con agua fría, se despertó. Su mano fue a parar a su cabeza, pensativa. Luego de un rato se levanta de la silla y camina directamente hacia una de las ventanas. Desliza las cortinas para ver el paisaje a través del cristal. Listo, ya tuvo suficiente. Decidida, abre la puerta de la estancia, para encontrarse con un pasillo oscuro. Los demás dormían a esa hora, pero ella no, le gustaba madrugar, o eso creía anteriormente.
Salió al exterior, sin temer al frío helado que la cubría. No se había puesto ni un abrigo, por lo que seguía con su pijama. Miraba fijamente a su alrededor, más allá de las calles llenas de polvo, de las casas tan cálidas como siempre, de los edificios, de los arbustos entrelazados, de los árboles frondosos, de las montañas desiertas... se encontraba el lugar a donde quería llegar. Con una sonrisa que expresaba su alegría, empezó su transformación. No lo controlaba muy bien, pero algo había aprendido para que la bestia saliera en el momento en que ella quería. Los vellos comenzaron a crecer, tapándole todo el cuerpo como una capa. Al poco tiempo, la vista fue dejando ver a una hermosa loba, con el pelaje de color negro profundo, y con una mirada desafiante. Sus ojos, dos huecos sin fondo, miraron otra vez al mismo lugar en donde estaba decidida a llegar. Comenzó a correr agazapada tras su objetivo. No le importó dejar la puerta abierta, ni tampoco que no llevara nada de ropa que ponerse, porque ella no era humana. Ella no formaba parte de aquellos seres que se hacían ver tan delicados e importantes.
El cielo estaba cubierto por la noche negruzca de aquel día, y, en medio de millones de estrellas, la luna llena brillaba más intensa que nunca. Su luz la bañaba de tal forma que hiciera brillar, con reflejos, su cuerpo de licántropo. El viento pasaba junto a ella, azotándole en la cara, como si le impidiera seguir adelante. Pero fue inútil. La pequeña loba poseía una fuerza que caracterizaba a los licántropos; porque la joven era una de ellos. Esquivaba casas y edificios, corriendo por los caminos más escondidos y desapercibidos para los humanos.
Al llegar a la primera fila de árboles, se detuvo. Se sentó en la misma postura que la de un gato, y miró a la luna. Su luna que tanto amaba y apreciaba por dejarle metamorfosearse. Aulló entusiasmada. Por fin dejaría aquel lugar que no era el suyo, iría a buscar nuevos territorios, aventuras y, quizá, encontraría nuevos amigos con quien divertirse. Sabía que sería muy difícil hacer todo lo que ella quería, pero cuando se plantea una cosa, era más complicado convencerla de lo contrario. Así, pues, dirigió una última mirada a la ciudad, una mirada astuta llena de decisión, y luego volteó para perderse entre la espesura de los árboles.
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Entrenamiento Épico

Mensaje por Lariebel el Vie Mayo 03, 2013 8:25 pm

Título: Entrenamiento Épico.
Género: Fantasía.
Relato xD.

Pertenece a una historia larga, pero luego de pensar un poco, creí que lo mejor era crear tipo relatos cortos con estos personajes. Este es el primero ^^.

Entrenamiento Épico


Era una noche estrellada sobre un manto oscuro. La arena estaba apagada por la oscuridad. La luna situada en lo alto iluminaba con su luz blanca a la mujer.
Sekai, vestida con un traje que se confunde con las penumbras de la noche, se preparaba para comenzar con el entrenamiento. Se había hecho una sola coleta con su cabello grisáceo, cayendo como una cascada detrás de ella.
De la palma de su mano se despliega una espada. Con el sonido de algunos granos de arena siendo empujados lentamente por sus pies, apuntó hacia arriba con ella, sosteniéndola firmemente del mango. Ésta despidió una energía blanca en forma de relámpago que iluminó hasta los más rincones del cielo.
Sekai hizo una voltereta hacia adelante, cayendo arrodillada de una pierna sobre el suelo. Pero antes de posarse sin ningún rasguño sobre la fría marea dorada, escuchó un gemido de dolor tras ella.
—Vamos, ¿creen que soy tan estúpida como para no sentir sus poderes? La invisibilidad no funciona conmigo, niñatos. Hay que entrenar más. Además, no pudiste esquivar mi ataque fugaz, Jean, lo que me decepcionó bastante. Está claro que no les tengo que dejar a cargo de Hisato, se volvió muy viejo con el paso de los años. Es más, los entrenaré aquí y ahora.
La chica vestida de negro se dio media vuelta con una sonrisa siniestra en el rostro. Jean estaba arrodillado, con una mano sobre el labio partido por donde corría un hilo de sangre. Otros dos chicos estaban detrás de éste, uno con los brazos cruzados, y el otro correspondiendo su sonrisa, divertido.
—Desde hace días estábamos esperando, querida Sekai —respondió éste último.
Entonces, sin que nadie se percatase de nada, Sekai desapareció. La arena comenzó a moverse poco a poco, para terminar como una terrible marea de arena viniendo hacia ellos.
—¡Maldita Sea! ¡Con esto nos matará! —exclamó Jean.
Se levantó rápidamente del suelo, y echó a correr junto con sus compañeros. El rostro de Sekai apareció sobre la arena, escapando por su boca una gran bola que se dirigió directamente hacia Nouin. Éste saltó hacia atrás, esquivándolo y adentrándose de lleno en la arena. Los otros dos permanecieron quietos, esperando. De entre los granos empezaron a salpicar gotas de agua. Un segundo después explotó como cuando se destapa algún caño, mojándolos a todos. La arena y el agua se deshicieron en el aire, dejando ver la imagen de Nouin empapado por su propio hechizo.
—Muy bien, Nouin. Aprobado —Una voz femenina se hizo escuchar, pero nadie se encontraba allí más que ellos. Entonces, Nouin desapareció entre vientos helados.
El cielo pareció que se caía encima de ellos, lo cual, después de observarlo unos minutos con precisión, resultaba que era verdad.
"Hechizo Ilusorio".
Jim se encaró al cielo. Extendió sus manos, agarrando un trozo del manto oscuro, como si de una sábana se tratara. De la punta de su zapatilla se hizo sobresalir la hoja de una pequeña daga plateada que fue directo hacia el manto, desgarrándolo. Jim se adentró por la grieta del cielo. Unos momentos después, el "cielo" comenzó a desgarrarse y deshacerse por el fuego, dejando algunas que otras cenizas en el suelo.
—Muy bien, Jim. Aprobado.
—¡Oh, por lo dioses! ¿Por qué me dejan siempre para el final, eh? —gritó Jean, exasperado.
Jim desapareció, al igual que Nouin. Fue entonces cuando Sekai se hizo aparecer. Jean puso los ojos como platos. Ésta agarró firmemente las muñecas del chico. De pronto, unas serpientes comenzaron a deslizarse por entre las mangas de Sekai, desplazándose por los brazos del joven, que se encontraba completamente quieto y con los nervios recorriendo su cuerpo entero.
Después de pensárselo unas veces, asintió para sí mismo. En el rostro del chico se formó una sonrisa que cada vez se hacía más grande. Pero para entonces, Sekai lo había percibido demasiado tarde. Ésta dio un respingo. El viento se había vuelto mucho más fuerte y frío que antes, cambiando de rumbo y dándole de cara a la mujer. Soltó rápidamente a Jean, y se escurrió como agua por las arenas. El cuerpo de Jean despidió fuego, carbonizando directamente a las serpientes. Se arrodilló en la arena, poniendo las manos sobre ésta. El polvo no tardó en saltar al aire, y Sekai apareció frente a él, sudorosa.
—Vale, vale. Has Aprobado, Jean.
El nombrado sonrío de oreja a oreja. Nouin y Jim aparecieron junto a Sekai, los dos con una media sonrisa en el rostro. El chico volaba por lo aires, disfrutando de la noche maravillosa que era aquella. Volaba dando más giros, y revolviendo su cabello cobrizo hacia todos lados. Al detenerse, por fin, bajó del vuelo y se sentó sobre el suelo, frente a sus espectadores.
—El oxígeno dejó de fluir por los aires, dejándola sin respiración. En unos de estos casos, pudiste contrarrestarlo, pero no lo notaste hasta que ya era demasiado tarde. Te escurriste por las arenas, pensando que podías descansar allí, y recuperar el aire perdido, pero debo decir que mis poderes también pueden fluir por ellas, por lo que tuviste que regresar. Para tu suerte, ya había dejado que el oxígeno vagase por aquí, para que respirases.
Sekai sonrío.
—Nunca dejarás de sorprenderme, chico. Eres igual que yo —alardea Sekai.
Los demás la miran, confundidos.
—Deberías decir “eras”. ¿Qué no te has dado cuenta que te has convertido en una viej…? —Jean no pudo terminar porque recibió un golpe en la cabeza que lo mandó lejos.
Nouin y Jim rieron nerviosos y se apartaron un poco de Sekai. Ella los miró.
—Eh… Él lo decía de broma, señorita Sekai. Usted todavía sigue joven —explicó Jim. La mujer sonrío y se dirige hacia donde terminó el pobre chico tocándose un chichón de la cabeza. Al ver que se acercaba la mujer, saltó y corrió lo más rápido que pudo.

Otro entrenamiento más había terminado esa noche… O eso creemos.
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14 de febrero

Mensaje por Lariebel el Vie Mayo 03, 2013 8:27 pm

Título: 14 de febrero.
Género: Romántico.
Relato .w.

Lo hice para probar una nueva manera de narrar. El "Narrador testigo". Dejo una mini-definición aquí:
Spoiler:
Narrador testigo: Narra desde dentro de la historia las vivencias de otro personaje siendo él un personaje secundario. Este narrador queda en los márgenes del relato, es un narrador que queda en segundo plano mientras narra las andanzas de un protagonista.
Esta forma de narrar no nos da acceso a la vida interior del protagonista más que de forma limitada ya que el narrador testigo no puede referirnos lo que piensa o siente el personaje principal. A veces este testigo no participa en la acción, contándola o leyéndola mediante cartas.
Un ejemplo conocido por todos es el de Sherlock Holmes, cuyo narrador es el doctor Watson que nos refiere las aventuras de Holmes, en las que él, aunque se ve envuelto, no es el protagonista.
Y aproveché utilizando a mi amiga, la protagonista, imaginando ese encuentro ^^.

14 de febrero


Apoyando mi espalda sobre un viejo roble, contemplaba todo como si estuviera en el cine; con mi bolsita de caramelos y todo. Me relamí los labios para saborear el dulce que me había quedado y me concentré en localizar a los protagonistas de la película.
Noté con gran satisfacción como una chica linda con lentes salía de la escuela. Por suerte muchos no le hacían caso, ya que al instante se hubieran percatado de lo nerviosa que estaba.
Por otro lado pude ver unos cabellos azabaches luchando por salir de la marea de alumnos que rodeaban la cantina. Cuando por fin lo logró, jadeando, comenzó a buscar a alguien con la mirada. La chica de lentes ya se había fijado en él y caminaba despacio, como si temiera que en un pequeño descuido todo se arruinara.
El azabache encontró lo que buscaba, y le sonrío a una bella chica que a su vez le devolvió la sonrisa. Al ver los ojos repentinamente tristes de la muchacha a lo lejos comencé a comer dos caramelos a la vez.
El chico le dio la manzana que le costó tanto comprar a la rubia, y luego de intercambiar algunas palabras, el joven se sonrojó. La chica de antes, que ya estaba a medio camino para llegar hasta él, comenzó a retroceder poco a poco con el rostro entristecido, hasta que se dio media vuelta y echó a correr hacia algún otro rincón de aquel lugar. Se sentó en la vieja banca, decepcionada. Yo solo sonreí para mis adentros.
De repente alguien se detuvo frente a ella, y la muchacha levantó su cabeza. Al ver al azabache se asombró bastante.
—¿Ayelet? ¿Estás bien? —le preguntó, preocupado, agachándose para quedar a la altura de ella. La nombrada sacudió la cabeza hacia los lados, como si no aceptase lo que estaba pasando. Yo sonreí enormemente.
—Sí, no me pasa nada… —Ella le dedicó una sonrisa amarga.
—Entonces… —Él miró con fingida atención el suelo—. Mira, yo quería hablarte sobre… Desde antes quería decirte…
Yo no pude evitar reírme. Es tan inocente. Además Ayelet parecía asombrarse cada vez más. Al final el chico guardó silencio un rato hasta que por fin lo dijo.
—Me gustas, Ayelet… Yo… —Tragó saliva—. Yo estoy enamorado de ti… —El joven desvío la mirada sonrojado.
El rostro de Ayelet era un poema.
—Pero… Tú… Creía que… Esa chica rubia… —tartamudeaba palabra por palabra. Él solo río nervioso.
—Esa chica rubia es mi hermana, que no se atrevía a comprar su propia manzana…
—Tus mejillas… Rojas…
—Eso era porque… —Él se quedó observando atentamente el rostro de Ayelet. Se acercó lentamente, mirando los ojos de la chica, y le dio un dulce y cariñoso beso que ella correspondió luego de un instante de sorpresa—. Porque me incitaba a que me declarase ya…
Sonreí y por un corto momento no me metí en la boca ningún caramelo. Los dos eran dos tomates.
—Yo… ¡A mí también me gustas! —gritó sin poderlo evitar. Los jóvenes sonrieron y se estaban por darse otro beso cuando aparece una visitante indeseada.
La profesora carraspeó, cruzándose de brazos.
—Señorita Sia, el director solicita su presencia ahora mismo. —dijo la mujer con una expresión severa. Yo me atraganté con los caramelos y tuve que escupirlos. Eso no lo había planeado.
Ayelet se levantó con una mirada de miedo, y se despidió educadamente del chico. La profesora se la llevó enseguida de allí, haciendo como si no hubiese visto nada.
Yo esperé, sentada, durante muchos y largos minutos, vigilando la puerta de la escuela. El chico estaba haciendo exactamente lo mismo desde la banca. Esperamos, esperamos, esperamos, hasta que la puerta se abrió y una sonriente Ayelet salió de la escuela. Enseguida el azabache se levantó y corrió hacia ella con cara de preocupación.
—¿Ha sucedido algo…? —La joven se le echó encima, rodeándole el cuello con sus brazos.
—¡¡Me han ascendido, Johnatan!! ¡¡En el próximo curso estaré contigo!!
Si me quedaban más caramelos por comer, sin duda me atragantaría de nuevo. Esta era una cosa que yo no había planeado. Está asegurado; es el mejor día de la vida de ésta recién y joven pareja. Sacudí mi cabeza hacia los lados con una media sonrisa.
Me levanté y me alejé del viejo roble. Tiré la bolsita vacía a un tacho de basura y me fui, viendo las dos caras felices de Ayelet y Johnatan.
Fuera me esperaba la chica rubia, Mónica, mi gran y estupenda cómplice. Las dos reímos y nos fuimos de la escuela hablando sobre lo que acababa de pasar. Aunque nosotras dos no tuvimos un 14 de febrero nada romántico, pudimos hacer un 14 de febrero especial para estas dos personas. Y con eso nos basta.

Lástima que me había quedado sin caramelos.
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Recuerdos de la infancia

Mensaje por Lariebel el Vie Mayo 03, 2013 8:28 pm

Título: Recuerdos de la infancia.
Género: Eh... Mmm... Ninguno Embarassed.
Relato :3.

Recuerdos de la infancia

Odio estas noches.
¡Morfeo llega tarde! ¿Es que también tiene que ir a esas reuniones formales que tienen personas con suficiente dinero como para comprarse un elefante con alas? Se ha olvidado de mí antes de irse. Ahora resulta que me tengo que quedar despierta, divagando. He dado muchas vueltas en mi cama, tratando de buscar la postura adecuada, aunque nunca encuentro una cómoda. Tomo la almohada y la abrazo, encogiéndome en mi misma.
La habitación está a oscuras, y yo me quedo mirando el techo con ojos vacíos. Pensamientos sobre cualquier cosa inundan mi mente, y a la vez simplemente… Nada, me quedo con la mente en blanco. El silencio reina en pasillos y salones, interrumpido nada más por la sonora respiración lenta y suave de mi madre en la otra cama. Las hojas de mi árbol más querido se hacen escuchar luego de un suspiro del viento.
Sonrío a mi pesar. Era uno de esos momentos perfectos que me llevan a otro lugar. Lugares en donde no me pueden perseguir, lugares que me pertenecen a mí… A mis recuerdos. Cierro los ojos lentamente, sabiendo aun así que no me dormiría, pues, el sueño no me ha pegado todavía. De esta manera era más fácil trasladarse…
—Vale, solo vayan un rato, luego vuelven que es muy tarde.
Los tres niños asintieron y cruzaron la puerta con entusiasmo. Era de noche y la luna brillaba como siempre en lo alto. Las calles eran silenciosas, los perros aullaban, los gritos de personas en fiestas nocturnas se escuchaban a lo lejos… Todo esto daba un toque lúgubre al lugar.
—¡¡Eh, vamos atrás, vamos!! —Uno de los niños señala hacia un patio detrás de la casa, aunque no se podía ver nada por la profunda oscuridad que lo impregnaba todo.
—¡¡No, me da miedo!! —Otro niño negó con la cabeza repetidas veces.
—Ah, da igual, vayan ustedes mientras yo me quedo. —La pequeña ríe mientras da vueltas en el asfalto.
—Ta’ bueno. Luego no nos llames muerta de miedo, Florencia. —El primer niño se llevó al segundo a rastras.
La tal Florencia se quedó mirando el cielo, con sus estrellas y su luna. Solo eran dos cosillas, estrellas y una luna, pero aun así se veía hermoso a la vista. Sonríe, pero algo interrumpió de repente sus pensamientos. Un papel de diario le cubre el rostro mientras un viento furioso la rodeaba. Ella agita su cabeza hacia los lados y mira lo que decía éste, concentrándose en armar las letras para formar las palabras en su mente. Luego de un rato los otros dos niños llegan gritando, asustados.
—¡¡Miren, miren, esta hoja me pegó en el rostro!! —Les muestra el pequeño diario y uno de los niños, Nico, lo lee en voz alta.
—El señor… 200.000 muertes…
Todos se quedan en silencio un momento. El de nombre Agustín empieza a correr en círculos, gritando a todo pulmón.
—¡¡Ese es, ese es!!
—¿Uh? —Florencia se encuentra confundida mientras Nico comienza a temblar.
—Es que… Cuando fuimos al patio, vimos una sombra… ¡¡Y era la de un hombre!!
—¡¡Era ése, era ése!! ¡¡Corran, corran!!
Los tres niños se meten dentro de la casa, apresurados y aterrados.
—¿Oh? ¿Qué pasó que están así de asustados? —preguntó una mujer sentada sobre un sofá, con el control remoto en la mano y mirando la televisión.
Nico, Agustín y Florencia se sientan junto a ella y le comienzan a contar todo lo sucedido.
Otra vez se encontraban en el patio, solo que ahora estaban en una situación diferente, y… Con otras personas. Todo el grupo avanzaba lentamente, intentando no hacer el más mínimo ruido y mirando por encima de sus cabezas con discreción. La niña que ya conocemos, Florencia, estaba entre ellos. Traía un tipo de madera entre sus manos, con una tela elástica blanquecina atada a él. De repente, se queda quieta, y escucha como una piedra pasa rozando por encima de su cabeza. De inmediato se reincorpora y señala al techo de los vecinos.
—¡¡Emboscada, embocada!!
Todos corren a sus puestos. Matías se sube a una de las ramas del árbol, Agustín se acomoda encima del techo, Eduardo se cubre detrás de un arbusto, y Nico se esconde entre la oscuridad. Florencia solo se queda en donde está, agachada y vigilando a los otros dos chicos encima del techo de los vecinos. Los enemigos.
Los niños cargan sus armas y empiezan a tirar las piedras hacia los chicos del “otro bando”, aunque éstos lo esquivaban con facilidad. Eduardo intentaba cargar el arma, poner la piedra de forma adecuada en el elástico, pero se le caía al suelo sin más. Florencia iba a ayudarle cuando una de las piedras de él sale volando. Todos miran asombrados la pequeña piedra, que rebota entre ellos, y al final se detiene en el muslo de unos de los enemigos. Éste grita de dolor y cae al suelo, derrotado. Su compañero lo levanta y se retiran.
Matías se baja del árbol, Agustín salta del techo, Eduardo mira su arma con asombro, y Nico sale de la oscuridad, buscando municiones. Florencia sonríe.
—¡¡Victoria!!
Levanta los brazos y todos gritan, sonriendo. Rodean a Eduardo y se ríen. Otra noche más de aventuras había pasado. Cansados, corren hacia dentro de la casa en busca de otro juego por el cual divertirse.

Suelto una pequeña risa, a lo cual tapo mi boca de inmediato. Miro hacia los lados y compruebo que mi madre está profundamente dormida como para escucharme. Suspiro de alivio y vuelvo a cerrar los ojos.
Me encuentro en un mundo blanco, sin nada, solo yo y… Un hombre. No se le puede ver bien ya que una espesa neblina lo cubre. Me cruzo de brazos, mirándolo desafiante.
—Has llegado tarde.
—No fue mi culpa, me tenía que ir.
—¿Otras de tus reuniones?
—Bueno, digamos que sí… —río.
—Otra de tus fiestas. —Enarco mis cejas.
—Da igual, lo importante es que me la pasé bien…
Me doy la vuelta.
—Hablaremos sobre eso luego, Morfeo. Ahora solo, ¿puedes dormirme? Estuve esperándote horas. —Una pequeña risa escapa de él y supongo que debió de estar sonriendo.
—Como quieras, estaré preparándome para ver qué reto estás planeando esta vez.
Mi mente comienza a blanquearse, y dejo de sentir mi cuerpo.
—¡¡Por fin!! ¡¡Viva!! —Mis ojos se cierran lentamente.
—Ah, por cierto, las flores que me pediste no las encontré…
—Espera ¡¡¿Cómo?!! ¡¡Me lo prometiste…!!
Pero no puedo levantar mis párpados. Siempre con sus jugarretas tramposas, ahora… Tengo sueño… Me duermo…

Florencia se encontraba encogida y abrazando a la almohada, con los ojos cerrados y durmiendo tranquilamente. La única diferencia es que… ¿De dónde han salido esas flores encima de su cama?
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Persecución Eterna

Mensaje por Lariebel el Vie Mayo 03, 2013 8:30 pm

Título: Persecución Eterna.
Género: Fantasía -no tanto-, vidas pasadas.
Relato.

Decir antes que nada, que lo que está en cursiva son los recuerdos de la protagonista. Les ruego que lean atentamente para enganchar las partes. Cualquier duda, me lo dicen en comentarios y yo se los aclaro en Spoiler :3.
Luego se darán cuenta del porqué del título.

Este es el relato más reciente, por ahora.


Persecución Eterna


Al verlo buscando a alguien, sé que es a mí.
Por eso me agacho un poco, escondiéndome detrás de varias personas que van pasando por delante. Y así, media agachada y entre una multitud de chicos de mi edad con el mismo uniforme que el mío, entro de nuevo en la escuela.
De repente me agarra una extraña sensación, calambres en las piernas y mareos. Sé lo que está a punto de suceder, y me meto en una sala cualquiera sin leer el pequeño cartel que tiene en la puerta. La veo vacía vagamente, sosteniéndome de las paredes y de los escritorios, y siento un leve alivio. Inspiro tratando de calmarme, pero cuando me doy cuenta de que mi espiración fue demasiado fuerte y me quedé sin aire en los pulmones durante unos segundos, sé que por lo menos nadie entrará en esa aula mientras esté inconsciente.
O eso espero.

—Caramba, sí que eres dormilona.
Abro un ojo poco a poco, pero se me cierra enseguida. Levanto una mano y me toco la frente, tratando de calmar los giros y giros que tiene mi mente y así parar el dolor de cabeza que tengo. Lentamente abro los ojos sin que se me cierren, y trato de levantarme sosteniéndome del suelo, pero siento que no tengo las fuerzas y me tambaleo.
Recién cuando me atrapa y me abraza hacia él, noto su existencia. Mirando los azulejos del suelo llego a la conclusión de que, efectivamente, me desmayé en ese salón y en algún momento un chico entró y me encontró. No creo que haya sido durante mucho tiempo porque este muchacho no se quedaría esperando a que despertara una insignificante desconocida.
Sí, es un chico el que ahora tiene sus brazos alrededor de mí y el que me ofrece su pecho para apoyar mi cabeza y tratar de que el dolor pare. Siento el olor a hombre que lo impregna todo y me envuelve. Siento su respiración calmada, y trato de imitarla para que mi corazón pare de estallar de la manera en la que lo está haciendo. Cierro los ojos y, por fin, me calmo.
Tan pero tan calmada y cómoda estaba que no me importaba quedarme dormida sobre su pecho. Cuando volvió a hablar, con el tono varonil característico de los hombres, pude sentir las vibraciones que hacían sus cuerdas vocales dentro de su cuerpo.
—Vamos, no te duermas que no podré cargar contigo mucho tiempo ni para dejarte en la enfermería…
Automáticamente me separo de él y sacudo mi cabeza hacia los lados, aclarándome las ideas.
¿Pero qué estaba haciendo yo durmiendo sobre el pecho de un chico?
Y fue en ese momento cuando levanté mi cabeza y pude ver el rostro de la única persona que me encontró en este tiempo indefinido.
Al reconocerlo, me asusto y me levanto rápidamente para irme. Los recuerdos sobre el por qué me encerré allí vinieron a mi mente y supe que el cazador encontró a su presa. Volver a ver pequeños retazos de esos ojos verdes me hizo sentir un escalofrío por todo el cuerpo. Cuando traté de tomar el pomo de la puerta vi como mi mano temblaba, violenta, y mi mente racional pensó “Oye, oye, creo que estás exagerando, Romi…”.
Y por culpa de ese maldito pensamiento que me retrasó solo unos segundos el chico pudo atraparme.
Por segunda vez.
Qué vergüenza, Romina.
—¿Por qué te escapas si yo solo quiero ayudarte? Ni que fuera un tigre, pequeña. —Me confundió su tono de voz, y cuando me di la vuelta solo pude ver su rostro entristecido, como si fuera un perrito en la calle dentro de una caja y en medio de una lluvi...
—¡¡¿Qué hacen aquí?!! ¡¡No pueden entrar en los salones mientras no hay nadie!! ¡¡Salgan ahora mismo!! ¡¡Vamos!!

5 minutos después.

Suspiro largamente cerrando mis ojos durante un momento.
—Ni pienses dormirte de nuevo, no voy a hacerte de almohada otra vez, y ya tengo bastante con que la vieja nos eche. Espero que no me reconozca el rostro mañana… —Negué con la cabeza mientras una sonrisa se me formaba en los labios. Qué chico más gracioso.
—¿Acaso la conoces? —Soltó un bufido.
—¿Quién no la conoce a la vieja de lengua? La maldita cascarrabias, esa la que nos hizo leer durante una eternidad a cada uno, una y otra vez, la leyenda de Hachiko…
—No es una leyenda, bruto, son hechos reales. ¿Tú sí que prestas atención en clase, eh? —A estas alturas ya me estaba riendo bastante.
Por si preguntan, sí, solo tardé 5 minutos en cambiar mi miedo hacia a él a considerarlo un amigo. Un amigo cómico.
Luego de que la profesora de Lengua nos eche del salón, nos hemos ido directamente hacia las escaleras de la entrada, sentados. Ahora no había casi nadie, no como la multitud de esta mañana…
—¡Oh, qué despistada! —Rápidamente busco mi celular en mis bolsillos, para levantar una ceja de extrañeza cuando veo que él me lo tiende en la mano. Se encoje de hombros mientras sonríe. Se lo quitó enseguida mientras lo miro con reproche.
—¿Has tocado algo más que mis bolsillos, chismoso?
—Claro que no, el celular lo encontré en el suelo, querida.
—Sí, claro…
Me concentré en el celular para verificar la hora que era…
15:07.
Aguanto la respiración con los ojos como platos. ¿Tanto tiempo ha pasado? ¿Y mis padres? ¿Y mi hermana? ¿Cómo estarán? ¿Han llamado a la comisaría para buscarme? ¿Mis compañeros? ¡¿Mi clase de francés?!
—Por las dudas solo te digo que me quedé una hora extra de gimnasia, por lo que salí como a las 1:30 más o menos. Media hora volteando por aquí y por allá, me topé contigo y te despertaste hace como 10 minutos —dijo el chico mientras se levantaba y se acomodaba la mochila.
—¿Ya te vas?
—Sí, me voy andando. ¿Tu casa está cerca?
—Pues, no… Aunque no te preocupes, los llamaré —respondí, segura. Él asintió y bajó por las escaleras. Cuando ya doblaba la esquina lo vi levantando la mano en modo de despedida y yo se lo correspondí.
Y pensar que él era el chico de mis pesadillas.
Alejé esos malos pensamientos para levantarme y caminar un poco mientras marcaba en el celular el número de mi madre. Los tonos siguieron un poco más de lo normal y me preocupé; luego de unos segundos me respondió la contestadora diciendo que no tenía crédito. No puede ser, no puede ser que no tenga crédito si cargué ayer… Miré los registros de mis llamadas para confirmar mi suposición; mi hermana había tomado mi celular para hablar por horas con su novio sin mi permiso. Como ya le sacaron el suyo, pues, el mío ya estaba en su mira. Y ella ya está en la mía. Ahora me ha dejado jodida, ¿qué puedo hacer?
Miré a los alrededores si conocía a alguien que me preste crédito, pero ningún alma quedaba. De seguro estaban en los talleres, clases o la maldita cosa que estén dando dentro de esa escuela. Me agaché para revisar mi mochila y gracias a Dios encontré unas monedas que me podían servir para el colectivo. Luego de acomodarme la mochila, eché a andar hacia la parada que a esta hora pueda estar más llena de gente. Me dirigí hacia el hospital; aunque sé que está algo lejos, por lo menos puedo estar un poco más protegida allí que en las paradas vacías en donde pueden hacerte cualquier cosa.
Durante el camino me hice nota mental de no pensar en nada, en ningún problema que tenga, en nada más que yo.
Hoy por fin es viernes, mañana no tengo nada que hacer excepto el práctico de Historia, salgo por la tarde con Lucy y Aldana, y por último no me puedo olvidar de darle una buena bronca a mi egoísta hermana.
Apenas llego a la parada y veo el colectivo que tengo que tomar. Me subo sin mirar si hay mucha gente o no, pago mi pasaje y me dirijo hacia los últimos asientos. Que tranquilo es todo en los colectivos, admirando el paisaje del exterior y reflexionando de tus cosas. A menos que estén esos chicos de ahora que ponen música a todo volumen de sus celulares. Que decepción.
Aunque intento desviar mis pensamientos, éstos me guían hacia el mismo tema. No puedo olvidar así como así los jadeos de una noche que, a pesar de que nunca los viví, forma parte de un recuerdo aterrador. No puedo olvidarme fácilmente de la oscuridad absoluta del lugar, de mi desesperación por buscar a mi amado entre el grupo, de las capas negras que nos habíamos puesto para que no nos vean.
Y también puedo recordar los destellos de las espadas en medio de la oscuridad que destruyeron todo a su paso.

Bostezo largamente mientras miro mi reloj sobre la mesita de noche. Son las 16:30. Perfecto para para prepararme. Comienzo buscando ropa tranquilamente, mis zapatillas, pintauñas, pintalabios, mi crema para la piel…

20 minutos después.

Estoy junto a la puerta, prácticamente saltando de un pie mientras intento ponerme una simple y pequeña horquilla que se resiste a engancharse en mi pelo. Se me atrasó todo luego de que apareciera mi hermana.
Sí, ella otra vez.
La convencí de que me dejase en paz con la amenaza de que mi madre se enterara de las misteriosas llamadas. Claro, ella dejó de molestarme y ahora me estoy dando los últimos retoques a las apuradas. De seguro Aldana ya está por llegar y yo todavía estoy aquí, con esta maldita horquilla que…
Me caigo al suelo del susto que me dio al escuchar los bocinazos del coche de mi amiga. Al estar saltando de un pie no era de esperarse. Suspiro, me encojo de hombros y salgo de mi casa, dejando la horquilla en el suelo.
Total, era de mi hermana.

Me río mirando como Aldana y Lucy bailan a lo loco en el centro de la pista. Me había cansado un poco, y me senté a tomar agua. Claro que antes comprobé que no tuviera ni una pizca de alcohol.
La música me retumba los oídos, hasta tengo la sensación que todo el lugar salta con su ritmo. Suspiro de cansancio, me levanto del taburete y me dirijo hacia las chicas.
—Oigan, yo me voy un rato, ¿vale? Necesito tomar aire, todo esto es muy pesado…
—Pero que mala onda eres, Romina. Tú definitivamente no sabes nada de…
Me voy sin escucharla dando empujones para abrirme paso entre la multitud. Entre tanta oscuridad no noto cuál es la entrada por la que llegamos. Al ver una puerta frente a mí la abro sin dudar.
Luego de darme media vuelta para cerrarla y volver a mirar al frente, suelto un respingo. Mis piernas vuelven a volverse de gelatina, pero creo que es efecto del frío, o del miedo. O de las dos cosas.
Mirando hacia todos lados, echo andar lentamente hacia el centro. Mis pequeños tacones hacen eco en el lugar, y mis propios ruidos me dan miedo. El silencio es sobrecogedor. Me hace sentir como si fuera una hormiga, como si fuera una pieza más de su juego…
Paro mi caminar justo en el centro del puente, en donde alumbra la única luz que hay en la zona. El viento viene a darme un saludo helado que me hace maldecir por no traerme algo más abrigado, porque mi vestido no sirve para protegerme.
Mi mirada se dirige hacia la barandilla, y mis pies me guían solos. Toco suavemente la madera del mismo, mientras me cautivo por el mar. Un mar completamente negro que me hace confundirlo con el cielo. ¿Dónde está el suelo y el cielo? ¿Acaso estoy caminando por el cielo? ¿He muerto y no me he dado cuenta, acaso?
Pero no. Yo sé que la cosa es otra. Yo sé que mi mente solo quiere evitar lo inevitable.
—Lo recuerdas.
Un montón de cucarachas me recorren el cuerpo por un segundo.
—Me recuerdas.
Jadeos por la noche, pisadas apresuradas, destellos en la oscuridad.
—Te recuerdas.
Gritos de dolor a mi alrededor. Piso un charco de sangre en el suelo y una gota negra aterriza sobre mi mejilla.
—¿Quién…? ¿Quién eres? —susurro con voz temblorosa mientras hago un intento de apartarme de la barandilla para echar a correr.
—Tú sabes quién soy… Rosie. —Siento un repentino calor en mi vientre, y una extraña calidez en mi espalda.
—Rosie, tú ve en el centro. Por nada del mundo te dejaré morir. Tú eres especial, eres nuestro amuleto. Mírame Rosie, yo te amo y te amaré por siempre, pase lo que pase. Ahora… Todos, en marcha.
—Tú…
—Yo…
—Seremos sigilosos. Nadie nos notará. No usemos nuestra magia porque nos localizarán fácilmente. Tenemos que irnos rápido de aquí o terminaremos muertos.
—Desearía que Lord Markess nunca hubiese nacido…
—Rosie, tranquila. No nos atrapará. Somos hechiceros, y aunque ahora seamos una especie en extinción, no nos atraparán.

—Tú eres…
—Yo soy…
—¡¡Rosie!! —Recibo un empujón que me echa a un lado y reconozco la figura de mi amado. De Luke.
Y veo frente a mí como una espada afilada y plateada lo atraviesa. Su sangre me mancha todo el cuerpo y siento su corazón dejar de latir.

—Mírame…
Por último, recuerdo la promesa que me hizo.
—No importa lo que pase, siempre volveremos a estar juntos.
—¿Luke…? —murmuro, mientras me giro lentamente. Escucho una risa antes de que me dé cuenta de quién es.
—No, pequeña… Luke murió demasiado pronto ayer por la tarde. Tuvo que apresurarse en encontrarte… —Siento la presión que hace en mi cabello para que mire hacia el mar negro, y poco a poco inclina más mi cuerpo hacia abajo—Mira, yo…

El día de ayer por la mañana encontraron un cadáver en el mar de Los Alerces de una chica adolescente, de 16 o 17 años aproximadamente. Justo el día anterior por la noche habían reportado la desaparición de Romina Salazar, una chica de 17 años que había ido a una discoteca con sus dos amigas, Lucy y Aldana. Éstas dicen no recordar nada de lo sucedido luego de que ellas entraran a bailar mientras que Romina se sentaba apartada.
Al regresar se dieron cuenta de su desaparición, y llamaron a los padres de la chica.
Luego de un estudio comprobaron que el cuerpo era de Romina. Nadie sabe si fue un acto de suicidio, o asesinato. No tiene rastros de violencia, por lo que la mayoría especula lo primero […].


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Re: Relatos [Lariebel]

Mensaje por simkee el Lun Jun 03, 2013 7:13 am

gracias

simkee
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Re: Relatos [Lariebel]

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